Mi casa se encontraba en silencio, supuse que mamá había vuelto a sus andanzas y Candace había salido por ahí con Nate. Decidí que dormir sería una buena medicina para todo lo que me estaba pasando y fui directo a mi cuarto, me dejé caer en la cama y cerré los ojos por dos perfectos minutos, hasta que Candace apareció en mi puerta como un fantasma, sin hacer ruido y con cara de estar pasándola mal. - ¿Qué? – pregunté incorporándome. Ella suspiró. - ¿Podemos hablar? – alzó las cejas y dio un paso al frente. Yo me mordí el interior del labio y terminé asintiendo con la cabeza. Ella se sentó a mi lado. – No me dijiste que saldrías de la ciudad hoy. - No sabía que debo pedirte permiso – mascullé sin mirarla. Ella comenzó a jugar con sus manos.

