Como era de esperarse, cuando llegamos junto al equipo, el profesor Mosquera nos volvió a presentar una vez más. Luego envió a los muchachos a darle 10 vueltas al campo de entrenamiento, mientras que a Juan, Jon y a mí, nos llamó porque teníamos que ir hacia las oficinas del equipo, donde tendríamos que firmar nuestros contratos correspondientes. - Gustavo –se dirigió el entrenador a su asistente, un señor calvo y bigotón– continua con el entrenamiento, iré a presentarlos con el presidente. - Está bien. - Pues venga, vamos –nos dijo un tanto ansioso. Se adelantó a nosotros y aceleró el paso con sus manos a los bolsillos y su espalda encorvada –típica caminada en el-, mientras que Juan estaba debatiendo con Jon cuanto nos iban a pagar… Llegamos a las oficinas y e

