Después de regar la tumba de su abuela con un poco de agua que compramos en la puerta del cementerio, fuimos a su casa para almorzar. - He matado a mi mejor cuy para ti, Thomas –me dijo la madre de Rachele muy sonriente mientras ponía frente a mí un plato extendido en el que había un cuy entero que se veía muy crujiente, también había mote sancochado y un camote–; espero te guste hijo… -“Yo también espero que me guste” pensé. - No debió molestarse en hacer esto por mi, señora… Un cuy entero para mí ¡Es increíble! –expresé. - Diciéndolo así parece que fuera un animal muy grande –dijo Rachele riendo. - Pruébalo –su madre me ofreció una cuchara. - ¿No esperaremos al señor Jon? –pregunté por el padre de Rachele. - Mi papá no vendrá hasta la

