Al día siguiente acompañé a Rachele a plantar Cuna de Moisés en la tumba de su abuela –es una planta larga que suele tener una flor de color blanca, amarilla, o en algunos casos verdes-. El cementerio era un campo inmenso de arena que a, diferencia de una playa que en frente tiene al mar; éste tenía en frente una montaña inmensa que le daba a los muertos de Ahoskie la sombra necesaria para que su vida “espiritual” sea menos mortificante que la mía; dado que caminar sobre él y sin ningún tipo de protector que me cubra de los rayos del sol, hacía que mi cuerpo llore lágrimas de sudor. - Lo único malo del campo es que no hay edificios que nos den sombra –me quejé. - Carlos quiso prestarte una gorra, pero tú no querías –me respondió Rachele. - Porque en ese momento n

