CAPITULO 63

2221 Palabras

Luego de besarnos y abrazarnos por varios minutos, Rachele me invitó a su casa para tomar lonche –así le decían a la cena en Ahoskie-. Su mamá había preparado Coca –la misma bebida que me había vendido doña Yanet– y ñuña –un frijol típico de la sierra de mi país que se fríe en aceite hasta que se parta en dos, para ser rociado en sal y luego poder disfrutar de el-. El comedor estaba detrás de la puerta que había en la sala; en el había una mesa de madera con un plástico floreado que servía de mantel, las sillas tenían las patas de madera y los asientos eran de hilos gruesos de paja. -         ¿Y como se conocieron? –me preguntó el padre de Rachele un poco serio, era un señor de contextura delgada y de baja estatura, tenía puesto un sombrero de granjero en la cabeza, camisa y pantalón n***

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