Mis manos están ligeramente sudadas y mi corazón está latiendo muy pero muy fuerte. Alex me mira con rostro duro y yo no sé qué decirle o qué hacer. Quiero retroceder el tiempo y no haber salido de mi casa o mejor aún, no haber vuelto de México. —¡Por favor, Alex! No me hagas esto, relájate, respira y cálmate. No lo haré si me sigues gritando de esa manera. Sus pupilas ahora sí se pueden ver dilatas y sus manos están temblando un poco. Se separa de mí y se rasca la cabeza con brusquedad. Parece un maldito loco. —Solo quiero ver cómo te queda, solo eso. —responde con voz menos dura. Respiro profundo y asiento, sé que tengo que hacerlo, no tengo elección. Él sonríe victorioso cuando me ve asentir, tomo la ropa interior y me encamino al baño. En cuanto entro abro el grifo del lavamanos y

