— Señorita disculpe, quizá usted me puede ayudar. — Mi voz trataba de sonar normal, pero quería llorar, ¿era posible que mi maleta haya desaparecido?
— Oh, claro, por la cara de preocupación intuyo que se te ha perdido algo, ¿tu maleta?
Asentí y comencé a describirle el color y tamaño para que lo pueda buscar en el avión.
Dios, Alina.
Sabía que no debía traer esa pequeña maleta llena de accesorios, mi tía me matará por haber perdido su encomienda. ¿Y si alguien me lo robo? Diablos, eso me pasa por salir muy emocionada del avión.
Respira, respira. Estas en España, disfruta esto.
— Espérame aquí, iré a buscarlo.
Tenía fé que lo iba a encontrar, se le veía confiable aquella chica de mediana estatura.
•
No paso mucho tiempo cuando regreso la encargada con la maleta, mi felicidad por llegar a tierras lejanas volvió. Le agradecí una y mil veces, solo ella me pudo ayudar. Al salir, me percate que había muchas personas en el aeropuerto, personas despidiéndose, personas abrazándose y otros llorando. Reencontrarse con la familia después de años es sin duda muy conmovedor.
A lo lejos pude observar mi nombre en un letrero pequeño, bajando un poco más observé unos ojos llorosos que me miraba fijamente y una inmensa sonrisa.
Pasaron once años, once largos años para volvernos a encontrar. Esos ojos marrones, esa sonrisa tan radiante, definitivamente era ella, mi tía Kalesi.
No aguante más y me acerque casi corriendo para abrazarla.
— Bienvenida a España, cariño — Su voz se entrecortaba mientras me acariciaba el rostro. Al igual que ella, no podía creer que había llegado desde tan lejos.
— Tía, no sabes cuanto te he extrañado — Probablemente mi cara era todo un desastre ahora, pero no me importaba, sentía la necesidad de desahogarme.
— Vamos a casa, cariño, a partir de ahora viviremos juntas.
Me extrañe un poco que solo ella me vino a recoger, pero eso no arruinaba mi felicidad. Ambas nos subimos al auto y no parábamos de conversar, dejamos al lado las lágrimas y comenzamos a reírnos de nuestras anécdotas y lo que me paso con la maleta en el aeropuerto.
— Los chicos son guapos, ¿verdad? — Soltó derrepente con una sonrisa picara. Mostré una pequeña sonrisita—. Ehh, veo que mi sobrina ya hecho el ojo a varios en el aeropuerto.
— Pues si, son lindos.
No podía negarlo, desde que salí del avión vi a chicos muy simpáticos al igual que las chicas, parecían modelos a comparación de mí. Tampoco es que sea fea, tengo lo mío o eso creo.
— Por cierto, Alina, en la casa está la familia del esposo de Eileen. Al parecer todos quieren conocerte.
Ay, que vergüenza.
— Tía, me alegro, pero sabes que me pongo un poco nerviosa.
— Tranquila, cariño, estamos en familia. Además, sus hermanos son guapos, aprovecha — Comenzamos a reír. A pesar del tiempo mi tía sigue siendo la misma a cuando la vi por última vez. No tenía pelos en la lengua, incluso me animaba a salir con chicos y me aconsejaba a usar protección.
Lo sé es muy directa, pero podías confiar en ella.
A penas llegamos a casa, me quedé mirando la enorme infraestructura, era tal cual me lo imagine, mi casa posiblemente sea solo la mitad de esto.
Solté un pequeño suspiro.
Bienvenida a tu nueva casa, Ali.
— Alina, ¿eres tú? Dios mío, has crecido demasiado.
Con una débil sonrisa y con ojos medio llorosos, Eileen que se encontraba levantando unos juguetes del pasto se acercó para abrazarme.
— Te extrañe —Mi voz se entrecorto por ese inesperado abrazo.
No había cambiado, seguía siendo igual físicamente. Cabello castaño, ojos verdes y pecas. Le había hechado de menos.
Mi prima Eileen.
Era muy pequeña cuando ella se vino a vivir a España para estudiar, aún recuerdo que todas las noches nos poníamos a ver películas de la india y bailábamos con cada canción, éramos unas loquillas —. Ven entremos, te quiero presentar a la familia de Mark.
Asentí sonriendo, tome la manija de la maleta rápidamente.