Prólogo
Me adentro por la puerta principal de casa y cierro la puerta detrás de mi. Debo apresurarme, creo que se me hizo un poco tarde.
- ¡amor! Ya estoy aquí -anuncié entrando a la sala de estar, para ser recibida por mi novio.
-Hola, nena -dijo acercándome para darme un abrazo.
Ya tenemos viviendo juntos un par de meses. Me mudé con él después de la muerte de mi madre porque a mi padre le resultó demasiado difícil hacer frente.
- ¿C-cómo estuvo tu día? -pregunté con cautela.
-Bien, pero tengo mucha hambre -respondió.
Asentí y corrí a la cocina, sacando algunos ingredientes y una sartén.
- ¿Quieres lo habitual? -pregunté tomando el resto de los ingredientes.
- No, algo diferente. No puedo seguir comiendo las mismas cosas una y otra vez Hayley- dijo en voz baja.
- O-ok... ¿Qué te haré? - pregunté mientras me giraba para enfrentarlo.
-Hazme un bistec- exigió, sonriendo.
- Pero... yo... nunca he hecho eso antes- contesté, tragando el nudo en mi garganta, temerosa de su reacción.
- Bueno, entonces ahora es tu oportunidad. Pero asegúrate de cocinarlo correctamente y no desperdicies comida... porque sabes lo que pasará si lo haces- dijo mientras caminaba hacia mí hasta que su cuerpo se elevó sobre el mío.
- E-está bien- susurré.
- Bien - me besó la frente y me hizo girar, quedando enfrenté a la estufa-. Empieza a cocinar- dijo antes de subir las escaleras.5
Mis manos ya habían comenzado a temblar y podía sentir las lágrimas brotar de mis ojos. Nunca antes le había cocinado un bistec, pero ahora tenía que asegurarme de no hacerlo mal, porque si lo hacía, solo significaría una cosa...
Castigo.
Nate es mi novio. Me enamoré de él cuando yo tenía 18 y él 19. Nos conocimos en una tienda de música y llevamos casi un año juntos. Era agradable, me trataba con respeto, como si fuera una princesa. Pero hace unas semanas, simplemente se volvió amargado.
Todo comenzó cuando salimos a una discoteca y un hombre trató de coquetear conmigo. Nate lo golpeó hasta convertirlo en pulpa, pero me culpó por ello. Dijo que excité al chico.
Desde entonces tiende a culparme de todo. Si hace algo mal... es mi culpa. Si otro chico me mira... es mi culpa.
Si la tienda no tiene lo que él quiere... es mi culpa.
Ha llegado a un punto en el que ya no puedo soportar más el dolor físico. Pero no puedo dejarlo. He intentado varias veces huir, pero cada vez que lo hacía siempre me encontraba y terminaba castigándome aún más.
Las cicatrices que me dejó son tan horribles que ni siquiera puedo mirarme en el espejo. Las de mi cara son fáciles de ocultar a través del maquillaje. Las que están debajo de mi camisa y en mis piernas son las que tengo que esconder del mundo.
Lo loco es que todavía lo amo... solo creo que algún día cambiará. Cada vez que me lastima, me dice que me ama... así que eso lo hace bien... ¿No?
(...)
Después de pasar los últimos cuarenta minutos buscando en línea y a través de los pocos libros de cocina que tenía, finalmente logré cocinarle un bistec. Solo esperaba que le gustara.
Agarré los guantes de cocina por un lado y me los puse, abriendo el horno para sacar la bandeja y colocándolo en la rejilla para que se enfríe. Me pareció lo suficientemente bueno... pero, de nuevo, mi opinión nunca era importante.
Rápidamente puse la mesa e hice una pequeña ensalada antes de llamarlo para que comiera.
-Nate. La cena está lista.
Bajó las escaleras unos minutos más tarde.
-Huele bien -dijo sonriendo mientras tomaba asiento.
Lo cortó y comenzó a comer. Me quedé allí y lo miré, tratando de analizar si le gustaba o no. Me sorprendió mirándome, clavando el tenedor en la carne y llevándose otro trozo a la boca.
»- Siéntate- escupió.
Obedecí... por supuesto y me senté en la silla frente a él. No pude probar ninguno de los bistecs, porque nunca me permitió comer la comida que le cocino.
Normalmente terminaría comiéndome sus sobras, o algunas veces simplemente no comía nada. Nunca tenía tiempo de cocinarme nada, porque siempre estaba haciendo algo por él.
- ¿Te gusta? -pregunté, jugueteando nerviosamente con mis pulgares. Me miró y supe que no debería haber dicho nada, él siempre estaba en su peor momento cuando tenía que ir a trabajar, aunque nunca estuve completamente segura de cuál era su trabajo en realidad.
Cuando terminó por completo, se secó la boca con una servilleta y tomó un sorbo del agua que había puesto sobre la mesa.
-Estuvo bien -asintió con la cabeza en señal de aprobación.
En los días que Nate era amable, podía ser realmente agradable, pero cuando era malo, era letal.
-Gracias -susurré sonriendo levemente, antes de levantarme de mi silla y recoger su plato para lavarlo mientras él mordisqueaba la ensalada. Abrí el grifo y comencé a lavar, pronto sentí sus brazos rodeando mi cintura desde atrás, lo que me sobresaltó, sus labios se presionaron en mi cuello, haciendo que mi cuerpo temblara nerviosamente por el miedo y mi ritmo cardíaco aumentara.
- ¿Qué tal si tú y yo nos escabullimos al piso de arriba y nos metemos en la cama? -susurró en mi oído, agarrando con fuerza mi cintura.
-Pero... todavía no he comido y estoy muy cansada -mentí, cerrando el grifo y alcanzando el pequeño paño de cocina, utilizándolo para secarme las manos.
Sentí su agarre apretarse aún más, presionándose contra un moretón que aún estaba sanando, lo que me hizo estremecer de dolor.
-Lo siento Hayley... pero no estaba preguntando -espetó. Sus brazos rodearon los míos, asegurándolos dentro de su agarre y comenzó a arrastrarme fuera de la cocina hacia la escalera.
Luché débilmente en su agarre, sintiendo sus brazos apretarse aún más mientras se reía en mi oído, su respiración chocaba contra mi cuello y enviaba más miedo a consumirme.
-Nate p-por favor, esta noche no, por favor -rogué, mis piernas tropezaron unos pocos pasos mientras él me hacía subir más rápido, levantándome cuando me caía.
Cuando llegamos a lo alto de las escaleras, y mis ruegos se habían convertido en sollozos, me condujo al dormitorio, arrojándome violentamente sobre la cama.
»- ¡Por favor... no! Nate, por favor, te lo ruego. No otra vez. ¡Por favor! -grité, encogiéndome de miedo en la cabecera de la cama y llevándome las rodillas al pecho. Dejó escapar un gran suspiro y se arrastró hacia mí, colocándose frente a mí.
-Hayley, ¿no me amas? -preguntó dulcemente.
Lo miré, retrocediendo cuando sus manos ahuecaron mis mejillas y comenzaron a secar mis lágrimas, antes de que se acercara para plantar un suave beso en mi sien.
-Sabes que lo hago -respondí, asintiendo lentamente, mientras él colocaba un mechón suelto detrás de mi oreja.
-Entonces dame lo que quiero -gruñó, su personalidad cambió inmediatamente de nuevo.
-Nate, por favor -le rogué, pero él solo negó con la cabeza en señal de desaprobación-. Todavía estoy muy cansada. Me lastimaste anoche -dije recordando los eventos de la horrible noche en mi cabeza.
FLASHBACK
Salí del baño y me dirigí a la habitación que Nate y yo compartíamos. Él aún no había llegado a casa, pero estaba demasiado cansada para esperarlo.
Estaba casi dormida cuando escuché que la puerta principal se cerraba de golpe.
- ¡Hayylleeyy! -lo escuché gritar, desde abajo.
Salté cuando escuché algunas cosas rompiéndose y me encogí debajo de las mantas... Estaba borracho.
Me tapé los ojos con el edredón y me quedé tan silenciosa como pude, escuchando sus pasos subiendo las escaleras antes de que la puerta del dormitorio se abriera y se estrellara contra la pared.
Sentí que la cama se hundía y mi cuerpo se tensó mientras él suavemente despegaba las sábanas de mi cuerpo.
»-Sé que no estás dormida -me susurró al oído.
Me giré lentamente hacia él con algunas lágrimas en los ojos. Era común que Nate se emborrachara, porque lo hacía de forma regular. La mayor parte del tiempo me quedaba fuera de su camino y él se calmaba, pero hay algunos días en que viene por mí.
Sentí su mano deslizarse hacia mis pantalones e inmediatamente la aparté.
- ¡NO! -grité, obligándome a sentarme.
Me miró con lujuria en sus ojos y en ese momento supe lo que venía. Traté de saltar de la cama hacia el baño, pero él me agarró por detrás y me obligó a volver a la cama, bloqueándome en el lugar con sus caderas y sujetando mis brazos con sus manos.
-Te amo tanto -dijo arrastrando las palabras, mientras yo lloraba debajo de él, gritando tanto como podía-. ¡CÁLLATE!
Sollocé en silencio mientras él usaba una mano para vagar por mi cuerpo mientras la otra mantenía mis manos inmovilizadas sobre mi cabeza. Su mano se arrastró hacia mis pantalones de pijama y lentamente comenzó a bajarlos.
-Nate, por favor... no -le rogué mientras me plantaba besos en el cuello y comenzaba a morder con fuerza, lo que me hacía gritar de dolor.
-Divirtámonos un poco -susurró, antes de que empezara a aprovecharse de mí con fuerza.
FIN FLASHBACK
- Aww bebé. Te prometo que lo haré más agradable para ti- se burla.
- ¡No, Nate! -dejé de gritar cuando me golpeó en la cara, probablemente dejando una huella en mi piel pálida.
-Cállate, Hayley -ladró mientras alejaba mis piernas de mi agarre y me dejaba en la cama, subiéndose encima de mí. Luché todo lo que pude, arañándolo en la cara que inmediatamente lamenté cuando me envió un fuerte golpe en el estómago, dejándome sin aliento-. Así está mejor -jadeó, mientras mis gritos salían como chillidos suaves y rodaba sobre mi estómago, agarrándolo de dolor y llorando en el colchón, sintiéndolo desnudándome lentamente.
Me di por vencida y me quedé allí, dándome cuenta de que nadie estaría allí para ayudarme. Me quitó la ropa interior, dejándome desnuda frente a él, con lo que nunca me sentí cómoda, especialmente desde que me había obligado a hacerlo.
Miré hacia sus grandes ojos marrones que una vez pensé que me mantendrían a salvo, y me di cuenta de lo malvados y hambrientos que se habían vuelto.
-Te ves sabrosa -sonrió lamiendo sus labios.
Me quedé inmóvil, ahogándome con mis sollozos, clavando mis ojos en el techo mientras él comenzaba a aprovecharse de mí como lo hizo anoche. Como hace casi todas las noches.