CAPÍTULO VEINTICINCO El primer día, Felene robó comida. gateó por la playa porque apenas tenía fuerzas para hacer nada más. El cocodrilo que había matado había desaparecido hacía rato, llevado por la marea o por los carroñeros, o por ambas cosas. Aún así, encontró peces que habían sido arrastrados, que los cachones habían dejado atrás. Dio un mordisco a uno, hizo un gesto de dolor y se lo comió crudo, solo para tener fuerza de hacer algo más. Pero la comida apenas sació el límite de su hambre y su debilidad, así que Felene continuó hasta que encontró una casa en el límite de la aldea pesquera donde el olor de pan recién hecho hizo que su estómago rugiera por la necesidad. Miró hacia dentro por una ventana que estaba abierta y vio que no había nadie por allí, así que fue a por él como un

