CAPÍTULO VEINTISÉIS La Reina Athena estaba en su celda de la torre, observando con indiferencia los esfuerzos que la rebelión estaba haciendo con su ciudad. Por lo menos, eran acordes con el modo en que se sentía ella por cómo la estaban intentando retener. “¿Qué clase de estúpidos tienen a sus enemigos en un lugar tan cómodo como este?” preguntó a la doncella que habían mandado para que la atendiera. “No sabría decirle, mi señora”, dijo la chica, dejándole un cuenco con sopa. Athena pensó en tirárselo, pero sería un desperdicio de comida buena. O comida apenas tolerable. “Su Majestad, estúpida. Las palabras son Su Majestad. Ahora márchate”. La chica se fue corriendo, como si la hubieran lastimado. A Athena aquello no le preocupaba demasiado, como tampoco le preocupaba demasiado lo qu

