Circe.
Observé el cielo oscuro y completamente nublado, la lluvia no cesaría esta noche, estábamos a principios de Abril, era uno de mis meses favoritos, quizás por el nombre no lo sé.
Solté un largo suspiro.
—Joder—Murmuré para mí misma.
En cuanto pisé el asfalto mis zapatos viejo se humedecieron completamente, bueno, no tenía opción.
Así que corrí hacia la entrada del estacionamiento, para tomar el camino de siempre a casa.
Sin tan sólo tuviera el suficiente dinero para comprarme un auto.
Tenía mis ahorros, pero aún no eran suficientes, sólo tenía un año trabajando en el café de Josh, él y su esposa, han sido muy generosos, esas personas eran un completo amor, era una pareja de ancianos, increíblemente tiernos.
No podría decir lo mismo de sus hijos, su hija mayor hace mucho que se fue de la ciudad y es una gran abogada, pero ni una sola vez ha llamado a sus padres, aunque la señora Cecilia insista en que no le afecta, más de una vez la he escuchado llorar cuando termina las cuentas del café, esperando una llamada antes de cerrar, escucharla llorar me ha partido el corazón.
Por otro lado su hijo menor, James, está próximo a graduarse, somos buenos amigos, sólo que me molesta la forma en la que a veces trata a su padre y le reprocha, como un niño malcriado. Pero fuera de eso, al menos siempre está al pendiente de ellos.
Rodeé una rama que sobresalía de la acera, con la cuál casi me tropiezo, miré hacia atrás, desde que me tropecé con ese chico en el supermercado, no puedo quitarme la sensación en mi cuello, como si me observaran, o quizás si estoy algo paranoica, pues estoy andando en una carretera solitaria con zonas verdes a los lados, observó más a mí alrededor y la verdad es que si se nota algo tenebroso.
Aceleré mi paso.
Un par de ojos grises volvían de nuevo a ocupar mi mente, quizás sólo era el hecho de que ese chico era algo extraño, la manera en la que desapareció del café sin siquiera pedir algo, y la forma en que me observó en el supermercado, no parecía para nada sorprendido por chocar contra él, más bien algo tenso.
Cerré y abrí mis ojos nuevamente, sólo era la impresión de alguien nuevo, aunque si debía admitir que era guapo, cuando estuve cerca pude detallarlo aún más sus ojos grises parecían casi tranparentes, la mandíbula marcada y recién afeitada, Increíblemente alto, y los labios carnosos…ok ya estoy divagando.
Te gusta.
¿Qué? No.
Soy tu conciencia es imposible que me mientas.
Ok, ya me estoy volviendo loca.
Volví mi mirada al frente, quizás debería tomar el autobús a casa y gastar mi propina de hoy, torcí el gesto al pensarlo.
Me aferré más a mi bolsa, para que nada de lo que estaba allí se mojara con la lluvia.
O quizás sólo debería ahorrarme el dinero y seguir con mi caminata bajo la lluvia, cualquiera diría que soy una tacaña.
Lo eres.
Cállate.
Alcé mi mirada hacia la parada de autobús, no había nadie allí.
A medida que me acercaba, quizás podría esperar un momento allí, sólo para ver si la lluvia cesa.
Me acerqué y noté una sombra, no, Alguien, una chica sentada en el rincón.
Agudicé un poco más mi vista y noté que la chica, se hundió más en su asiento en cuanto me vio, una mala sensación me recorrió el cuerpo.
Un auto pasó a toda velocidad, pero lo suficiente como para que observara a la chica.
Llevaba un vestido de fiesta, su maquillaje estaba corrido, y parecía haber estado llorando, noté rasguños en sus piernas.
Fruncí mi entrecejo y me acerqué un poco.
—Hola—Moderé mi voz a la más suave que podría ejercer—Me llamo Circe, ¿Estás bien? —Pregunté tomando asiento a su lado.
La chica gimoteo y sorbió su nariz.
Asintió observándome con sus grandes ojos azules, su cabello rubio estaba enmarañado.
— ¿Te han hecho daño? —Pregunté esta vez con un poco más de urgencia.
—No… bueno, no lo sé—Tartamudeó y volvió a gimotear.
—Si te han hecho algo debemos llamar a la policía—Advertir, tratando de detallarla aún más sólo para ver si alguna vez la he visto en el café.
—Yo eh…—Intentó pero los nervios y el miedo la estaban dominando.
—Tranquila, estoy aquí contigo—Intenté calmarla.
Noté como su pecho subía y bajaba tomando aire.
—Yo venía de una fiesta de una de mis amigas, y no tenía dinero para el autobús unas chicas me jugaron una broma y escindieron mi cartera, pero mamá se iba a enfadar conmigo si no llegaba temprano, así que tomé este camino andando—Sorbió su nariz de nuevo y noté como sus ojos se llenaban de lagrimas, hasta ahora me di cuenta que tan sólo sería unos dos años menor que yo.
—Unos… unos chicos en un convertible, comenzaron a seguirme con su auto con los vidrios polarizados… yo me asusté, comencé a caminar rápido creí que alguien bajaría y me atacaría— Su pecho subía y bajaba frenéticamente.
Permanecí en silencio para que continuara.
—Comenzaron a acelerar su auto y yo me asusté, y comencé a correr y el auto siguió tras de mí hasta que me tropecé con mis tacones y rodé en una pendiente —Eso explicaba esos rasguños—Cuando volví a levantarme, uno de los chicos bajo su vidrio y eran unos que se encontraban en la fiesta, comenzaron a reírse de mí y se marcharon.
—Imbéciles—Masculle.
Me molestaba tanto ese mierda, esas no eran bromas, es que nadie los pone en su lugar.
—Deberíamos ir a la policía—Le dije.
— ¡No!—Pareció asustarse de pronto y eso me alertó—Ellos no me hicieron nada, estoy bien, sólo quiero ir a casa—Dijo atropelladamente, podría entenderla, está asustada, pero debía alertar al menos a la policía, pero tampoco quería presionarla en las condiciones que estaba.
Así que la ayudaría.
—Eso que te hicieron es una canallada—Le reproché, solté un suspiro— Sin embargo, debes volver a casa— La chica asintió.
Quizás ella no iría con la policía, pero yo si iría a dejar mi queja.
La chica vive a unas cuantas cuadras del café en la plaza mayor, así que tomamos el mismo autobús, y pagué nuestros pasajes.
Zastiam.
Apoyé mi rostro en el puño de mi mano, mientras escuchaba cantar a William una canción de Beyoncé en la radio de su auto, mientras observaba por la ventana.
— ¿Podrías callarte? —Inquirí mirándolo de reojo.
—No—Y siguió canturreando mientras seguíamos estacionados, esperando que la chica saliera del conjunto de apartamentos.
Al parecer se Había ofrecido a acompañar a la chica de la parada de autobuses.
Y para mí desgracia debí llamar a Will.
Casi ruedo mis ojos en sólo pensarlo.
—A ver—Empezó y sólo pude soltar un suspiro con sólo esperar con lo que me bombardearía, esta vez. Metió un puñado de papas fritas a su boca—Estás siguiendo a esa chica—Indicó con la boca llena, hacia el edificio dónde se encontraba ella despidiéndose de la otra chica—Oye, es linda.
—Al punto Will.
—Qué aburrido eres Zastiam.
Le dirigí una mirada de advertencia.
—Ok, ¿y no puedes hablar con ella?
Negué con mi cabeza, sabiendo a dónde quería llegar.
— ¿Y yo podría hablar con ella?
—Definitivamente no—Corté —Enciéndelo—Exclamé.
—A veces me pregunto si eres sicario o algo así—Comentó divertido.
El rugido del motor, hizo que la chica notara el auto pero lo ignoró categóricamente.
— ¿Sabes? Podríamos darle un aventón—Propuso.
Lo observé sólo instante para volver mi mirada de nuevo a la chica.
—No—Zanjé.
—Dios, Zastiám ¿hace cuanto que no follas?, estás de un humor—Ironizó.
Lo observé nuevamente frunciendo el entrecejo.
Alzó amabas manos en señal de rendición.
—Ok, me callo.
La chica se despidió de la rubia, para volver andando a casa, se había quedado sin dinero para el autobús eso era obvio, haciendo que captara un poco más mi atención en algo.
Wil tomó la ruta contraria, bajando la velocidad.
—Algún día debería cobrarte estos favores.
—Lo dudo.
—Sí, yo igual—Concluyó.
Will es un chico que conocí, hace unos cuantos años en mis antiguas misiones, de vez en cuando necesitaba de su ayuda, no entiende muy bien cuál es mi trabajo, pero no hace muchas preguntas sobre ellos, y así lo prefiero, sabe sólo lo necesario.
La lluvia había cesado, pero el frío estaba aumentando, y un humano promedio, jamás podría soportarlo sin un buen abrigo y esa chica, debía estar congelándose.
—Deberíamos darle un aventón—Insistió Will.
Me mantuve en silencio, he estado con esa chica por dos semanas, y no se subiría a un auto de dos desconocidos, y no debo arriesgar y tentar mi suerte.
Sólo unas cuantas cuadras más y la chica llegaría a casa.
— ¿Sabes su nombre? — La voz de Will me sacó de mis pensamientos de nuevo.
Asentí.
Los ojos negros de Will se agrandaron en curiosidad.
Se supone que en mi trabajo no debo involucrarme con mi objetivo y llamarla por su nombre es una de las cosas que no debo hacer, sólo son reglas para mantener todo bajo control.
Tomó otro puñado de papas fritas en espera de mi respuesta.
— ¿Me lo dirás?
—No.
Estrechó sus ojos.
—Creo saberlo.
—Estoy emocionado por saberlo.
— ¡Oye! No uses el sarcasmo conmigo.
Arqueé una de mis cejas.
—Dina.
Fruncí mi entrecejo.
— ¿No? —Preguntó crédulo—Puedes decírmelo, soy de confiar lo sabes—Intentó.
—Circe—Corté rápidamente.
Su nombre era muy poco común, raro, aunque le quedaba perfecto a ese desastre que es.
—Qué lindo, como ella— Profirió con una sonrisa picara vacilante tratando de provocarme.
Le dirigí una mirada helada.
Bajé del auto.
La chica ya estaba entrando a su edificio, uno de color marrón dónde se encontraba el café, antiguo y viejo.
Cerró la puerta tras ella.
—Oye cuando pasarás por casa, encontré un nuevo videojuego, me está volviendo loco.
—Adiós Will—Me despedí ignorando su comentario.
Rodeé el edificio, entre a un callejón oscuro, el olor era fétido y asqueroso, contuve un momento la respiración mientras cruzaba entre la oscuridad.
Podía escuchar a la chica entrando a su departamento hablando sola.
Di unos cuantos pasos, la piel de mi cuello se erizó de pronto, me detuve abruptamente.
Cerré y abrí mis ojos invocando paciencia.
— ¿De verdad creías que no te sentiría? —Espeté con hastió.
—Sólo quería tentarte un poco—Respondió esa voz que conocía a la perfección melodiosa y al mismo tiempo afilada—Hace años que no te veo.
Sentí como se movía entre las sombras para colarse en la tenue luz del farol.
El cabello n***o hasta la cintura, los rasgos finos, y la piel pálida, Vero no había cambiado en nada, seguía estancada en el tiempo como yo.
— ¿Ahora te dedicas a ser niñero? —Preguntó con sorna.
No tenía tiempo para esta mierda.
— ¿Qué quieres? —Escupí directo al grano.
—Tranquilo, no pienso meterme en tus asuntos—Canturreó observando hacia la ventana de la habitación de la chica.
—Ya lo estás haciendo—Solté.
Mi paciencia se estaba acabando.
—Necesito algo de ti.
—Porque no me extraña—Ironicé tras una risa sin gracia.
Rodó los ojos azules con fastidio.
—Estoy tras la pista de algo—Comentó observando su alrededor y luego clavando los ojos de nuevo en mí acercándose—Necesito la llave de la ciudad.
Bufé cruzándome de brazos e inclinándome para verle a la cara.
— ¿Puedo preguntar para qué?
—No—Respondió con simpleza acomodando su cabello.
—Pierdes tu tiempo, esa llave esta pérdida— Exclamé encaminándome de nuevo al final del callejón para largarme.
La chica estaba en la cocina podía sentirla desde acá.
—Zorlem la tenía consigo—Comentó Vero detrás de mí.
Me detuve de golpe, hacia mucho que no escuchaba ese nombre, mi cuerpo se tenso de inmediato noté como me crispaba sólo pensarla, y Vero lo sabía, estaba comenzando a hartarme.
Bajé el escalón que había subido en la escalera de incendios para girarme y encararla.
—Sí—Espeté con los dientes apretados— pero te recuerdo que esa llave esta pérdida desde el momento en que ella se largó—Solté de golpe hastiado e irritado a partes iguales, pero Vero no lo había notado aún.
Vero resopló con molestia, la conocía a la perfección era una terca del demonio.
—Lo mejor es que te largas de mí alrededor y te metas en tus propios asuntos Vero—Remarqué su nombre, como una amenaza, sentía como las sombras comenzaban a arremolinarse a mí alrededor—Largo—Espeté como una orden antes que todo se saliera de mi control.
Retomé mi camino de nuevo hacia la escalera de incendios para sentarme en el lugar que había estado ocupando estás dos semanas. Al menos no dijo una palabra más, pero la conocía, se impacientaría y volvería a joderme la vida y mi paciencia en unos cuantos días.
No tenía idea de cómo me había encontrado, pero que estuviera en esta ciudad y en busca de ese objeto me daba una mala sensación.
Subía los escalones en mitad del edificio, cuando de nuevo sentí como la piel de mi cuello se erizaba, creí que era Vero de nuevo, hasta que un grito femenino proveniente de la cocina de la chica me sacó de mi transe.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y eso sólo indicaba una cosa, las luces de las calles y del edificio subieron y bajaron de voltaje, apenas me di cuenta cuando ya estaba subiendo los últimos escalones, me arriesgaría y si era necesario entraría, había alguien allí, alguien no humano con la chica.