Circe.
Solté un fuerte chillido, cuando el cuchillo se escapó de mis manos y en mi intento de atraparlo el filo cortó la palma de mi mano unos centímetros, haciendo que soltara un grito ahogado del horrible ardor en mi mano.
Comencé a hiperventilar cuando noté como la sangre chorreaba de mi mano al suelo, las luces a mi alrededor comenzaron a subir y bajar de voltaje, como si fuesen al ritmo de mi respiración, hasta que cesó.
Vociferé una blasfemia, para ir a mi cuarto de baño a lavar mi mano con jabón antiséptico y alcohol, solté un largo suspiro.
La cabeza comenzó a dolerme, y sentí una extraña debilidad en mi cuerpo lo cuál era ridículo, no había derramado demasiada sangre como para sentirme mareada.
Quizás era el hecho de que estos días no había estado alimentándome muy bien, me había mantenido últimamente a base de café y hamburguesas de Jean.
Volví directo a mi pequeña cocina, estaba preparando unas papas fritas, pero creo que mi apetito se esfumó por completo, me desagradaba demasiado la sangre.
Mi departamento consistía en una pequeña sala junto a cocina, una sola habitación y un baño en mi habitación, un pequeño balcón junto a mi cocina.
No era lo mejor, pero me sentía a gusto allí, sólo para mí, el señor Josh, me había dejado quedarme aquí en cuanto llegué a la ciudad, y no podía estar más agradecida con ellos, mis jefes vivían un poco más lejos de acá en su propia casa, su hijo James tenía su propio departamento en el centro de la ciudad, aunque algunas veces venía al café y se quedaba en el segundo departamento junto al mío, y deseo que esta noche no sea una de esas.
Guardé todos mis utensilios, y las papas que ya había cortado, estaban comenzando a tornarse de un color lila.
Dejé mi delantal en el pequeño mesón que dividía mi cocina de mi sala.
Apagué todas las luces, en el pequeño pasillo la única luz provenía de mi habitación.
Fui directo a mi cuarto de baño, me deshice de mi ropas que aún se encontraban algo húmedas y que no me había deshecho de ellas, si no me contagiaba de gripe sería todo un milagro.
Deje toda mi ropa en el cesto de la ropa sucia, y me metí directo en la ducha.
En cuanto el agua entró en contacto con mi herida, fue inevitable no saltar un chillido, esa herida me complicaría un poco las cosas en el trabajo.
Tomé mi esponja rosa favorita y comencé a limpiar mi cuerpo.
Cuando comencé a limpiar la zona interior de mis muslos, fue inevitable, mis ojos amenazaron con escocer, ya había pasado un año, ya debía olvidar.
Sólo que un sonido estruendoso me sacó de manera abrupta de mis pensamientos.
Me paralicé por un momento y sentí como un escalofrío subía por mi espina dorsal, y el pulso se disparó de inmediato.
Mi respiración se aceleró un momento, pero no tenía tiempo para asustarme ahora.
Salí de la ducha, y casi musitó una maldición al notar que no había traído conmigo mi bata de baño.
Así que en silencio tomé una de mis camisetas más holgadas y la pasé por mi cabeza.
Salí de mi baño de forma sigilosa, me apresuré a pagar la luz de mi habitación.
Abrí sólo un poco mi puerta y me asomé a través de ellas, podía sentir el pulso en mi sien.
No estaba de más asustarme un poco ¿No?
No.
Oh, volviste.
Siempre estoy aquí, duh.
Ok, no tenía tiempo para esto.
Mi barrio no era uno de los mejores de la ciudad a ciertas horas podía ser peligroso, pero cabía la posibilidad de que sólo fuera el gato de mi vecino de nuevo, buscando que comer y robarme en mi cocina.
Así que traté de calmarme con eso último.
Zastiam.
Alejé al estúpido gato, que se perdió entre las escaleras de incendio nuevamente.
Fruncí mi entrecejo, el olor a jazmín golpeó mi nariz nuevamente, la chica estaba en la cocina, estaba asustada.
Me apoyé en las escaleras de incendio, las sombras me cubrían completamente.
Había entrado al apartamento de la chica, pero el estúpido gato se subió a la encimera derramando un montón de cosas, aún me observaba desde el escalón observándome con desdén por haber arruinado su robo.
No podía sacarme de la cabeza el hecho de que alguien había entrado, alguien no humano, pero el destello fue tan leve que apenas y lo noté, había vigilado el perímetro unas cuantas veces desde mi posición nadie, pudo haber escapado sin que yo lo hubiera sentido.
Pero así como el destello de magia apreció de pronto, también desapareció.
Al parecer la chica se había cortado con un cuchillo, y por ello el grito ahogado que me había alertado.
Fruncí mi entrecejo algo no encajaba.
Desde mi posición la chica no podría verme, lo único que vería sería un montículo de oscuridad que podría camuflarse con la oscuridad de la noche.
Encendió todas las luces, su corazón latía con demasiada fuerza, tanta que me estaba aturdiendo, su olor se hizo más presente, ese olor que ya estaba odiando, era ridículamente fuerte y podía olerlo a más de veinte metros de distancia.
Noté como observaba a través del cristal, fruncía su entrecejo en confusión, no podía verme, pero la sanción de ser observada estaba allí.
Parpadeó unas cuantas veces, sus ojos castaños estaban enrojecidos y su nariz ligeramente roja, para luego volver su mirada hacia su sala, su ritmo cardiaco había bajado, al parecer desistió con pensar que había sido el estúpido gato.
Sólo llevaba puesto una camiseta que apenas y le cubría la mitad de sus muslos, era la primera vez que la detallaba con más atención, quizás porque era la primera vez que la veía menos cautelosa que los otros días como si esperase que algo sucediera, noté que al llegar a su casa, se relajaba un poco más que estando en las calles.
Su cabello era del mismo tono que sus ojos, justo hasta la mitad de sus espalda, era delgada, y menuda, su semblante la mayoría del tiempo era serio.
Pasaba algunas tardes viendo series coreanas, me ponía de los nervios cuando la escuchaba llorar, reír o acusar alguno de los personajes, comía sola y siempre bebía té de lavanda.
Eran muy pocas las personas que la visitaban, sólo la chica que trabaja con ella en el café, nadie la llamaba a su teléfono de línea fija.
Era solitaria.
A veces por la noche podía escucharla despertarse por alguna pesadilla y llorar hasta volver a quedarse dormida, una chica extraña.
Entorné mis ojos cuando noté que la chica se acercaba a la ventana, por un momento dude de mi habilidad, pero me equivoqué pues la chica sólo se dirigía hacia el pequeño balcón de su cocina.
La observé más de cerca, noté que suspiraba y disfrutaba de la brisa fría que se colaba.
Hasta ahora noté dos pequeñas sombras bajos sus ojos, parecía agotada, y me pregunté por qué.
Alejé esos pensamientos de inmediato, qué podría importarme a mí, sólo era mi trabajo.
Su mirada se cristalizaba de pronto hasta que dos golpes secos en su puerta, hicieron que se tensara de pies a cabeza.
La chica se apresuró a frotarse los ojos e ir a su habitación, para volver a la puerta de su departamento apareciendo con un jogger n***o.
En cuanto abrió la puerta, un hombre de unos 25 años se posó frente a ella, lo reconocí de inmediato era el hijo de sus jefes, fruncí mi entrecejo, nunca lo había visto compartir una palabra con ella a excepción de lo habitual en su trabajo, pero sí había notado las miradas furtivas que ella le dirigía.
Desde mi lugar podía oler el olor a alcohol emanando de ese chico.
— ¿Qué quieres James? —Soltó la chica con un tono mordaz.
El tipo, James, su mirada se alternaba entre ella y su sala, sus ojos parecían perdidos, como los de cualquier ebrio, y su voz era arrastrada.
—A caso no puedo visitarte.
—A media noche, no lo creo—Respondió la chica cruzándose de brazos, quizás era su ex.
No pude evitar escuchar el salto que hizo su corazón cuando el tipo se acerco peligrosamente a ella para susurrarle algo al oído que escuché a la perfección.
—Terminé con Gianna.
La chica soltó un bufido y una risa amarga.
— ¿Y qué pretendes? Acostarte conmigo para salir huyendo a buscarla por la mañana, lo siento James, pero no pienso ser tu juguete así que vete por dónde viniste y no me molestes.
Reprimí una sonrisa.
James parecía confundió, el ceño fruncido exageradamente lo demostró, no se esperaba esa respuesta.
La chica soltó un suspiro de frustración.
—Mira James, estás ebrio, mañana ni siquiera recordarás esta conversación así que ve a casa.
El chico tragó fuerte, y se abalanzó en un torpe intento de abrazarla, lo cual ella esquivo, produciendo que el chico tropezara y se apoyara en el marco de la puerta.
— ¿Puedo entrar? —Inquirió aún con ese tono arrastrado.
—Vete—Zanjó la chica ya molesta.
El chico sin previo aviso tomo su rostro entre sus manos, me tensé de pronto.
La chica, se soltó de forma brusca.
Cerró y abrió sus ojos, reuniendo paciencia.
Tomó al chico ayudándolo apoyarse en ella, para dirigirlo fuera de su departamento, podía escucharle dejándolo en el sofá del departamento de a lado.
Luego de un rato la chica volvió, cerrando la puerta tras ella, se apoyo en ella, restregando su rostro con ambas manos, respirando hondo, podía sentir su cansancio.
Encendí uno de mis cigarrillos cuando noté que apagó todas las luces, de departamento y volvió a su habitación.
A las 3:20 am, podía escucharla llorar.