No sé cuántas veces ya me había pasado esto antes, ni cuantas veces en mi vida he dicho esto con anterioridad, pero si existió una vez en la que podía decir con certeza de que la vida me tiraba por el suelo, era esa. Lo que Alan me terminó de contar fue como una bomba que explotó tirando por el piso las pocas certezas que a esas alturas podían quedar en mí. Mi madre se llamaba Sophia, como lo había descubierto en el certificado de nacimiento que encontré en la habitación del Guardián, pero gracias a Alan pude saber también de donde era y a que se dedicaba: Ella era oriunda de argentina, al igual los padres de Alan, y psicóloga también como él. Según las investigaciones de Alan, quienes la conocieron dieron fe de que era una persona bondadosa y de un inmenso corazón, y que su único defecto

