IX.

764 Palabras

Roberto volvió a mirar sus manos y su ropa para cerciorarse que ningún rastro de sangre le pudiera delatar. Todo estaba limpio. Solo entonces se permitió disfrutar el aire puro de esa noche veraniega. Relajado terminó de fumar su cigarro, el transporte estaba por llegar. Luego de haber dado por perdida cualquier chance de cordura y de llevar sobre sus espaldas el desenfreno de una noche de locura con un saldo de dos asesinatos, un secuestro y un gravísimo caso de maltrato contra un infante, culpable de todo el Guardián se daba por enterado de que su permanencia en la ciudad, que no en el país, era una apuesta de muchísimo riesgo. Por eso se había valido de la suerte que del c*****r de Darío había podido arrancar una buena cantidad de dólares en efectivo, más un reloj de pulsera de marca

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