El miedo que se experimenta cuando se está a punto de desvelar un secreto que nos ha despertado curiosidad durante cierto tiempo, es contradictorio. Se le teme al hecho de descubrir algo que pueda llegar a ser peor que la misma sensación de desconocimiento. Eso me pasó con la puerta del “taller” de Alan. Cuando llegamos al umbral de la puerta de roble miré con confusión a Alan, pero él no se atrevía a mirarme, se encontraba demasiado concentrado en todo aquello. Alan no abrió la puerta de inmediato. Me pidió que aguardara ahí, frente a su taller, mientras él fue a buscar algo a su habitación. La espera logró acrecentar con mayor intensidad la marejada de confusión que me invadía. Desde luego que quería saber todo lo que fuese posible sobre mi historia y sobre mi vida, pero si me hubies

