― ¡Lis, no! ―escuché a Alan gritar de rabia. En los oídos aun me aturdía el eco del disparo amortiguado por las paredes de concreto. La visión de a poco me empezaba a tomar colores y dejaba ya de sentir la lanzada en las sienes. La bala se clavó en el muro casi un metro por encima de la cabeza del Guardián y el hacerlo así me resultó lo más gratificante del mundo. Fallé, pero no por error; falle por decisión. ― Dime que has apuntado mal ¡por todos los cielos! ―Alan se incorporaba mientras me recriminaba la decisión. Yo me sentí capaz de sonreír aun en medio de aquel pandemonio que era mi vida. Había hecho lo que mi corazón me dictaba sin importarme un carajo lo que me dijeran los demás. ― No Alan: Fallé porque fue mi decisión perdonarlo. Fallé porque entendí que ambos tenían razón. ―

