Muerte, dolor, tristeza, venganza, odio, ira, pena; todo empezó a desaparecer conforme desaparecía la ropa que separaba nuestras pieles. Atrás quedaban las historias de nuestros padres, que queriendo o no, habían repercutido de manera directa en lo que había sido nuestro pasado, pero en nuestro presente, y más aún en nuestro futuro, solo importaría lo que nosotros decidiéramos. Ni siquiera el c*****r horroroso del psicópata que yacía en el piso del taller de Alan era algo que me importara en ese momento. Yo, como sabía hacerlo bien, me dejé llevar por los impulsos y estos decidieron que querían a Alan. Apenas estuvimos en su habitación lo arrastré hacia el baño. Me lavé la cara y lo metí conmigo a la ducha. Alan me besaba con pasión y desenfreno y yo me aferraba a su cuello con ganas d

