―Lis por favor, escúchame con atención, detente, no tienes que hace esto. Yo puedo explicarte todo. La voz de Alan apenas y se escuchaba por sobre el estruendo, el crepitar y los chirridos que las llamas le arrancaban a la casa. El fuego, lo descubrí en ese momento, no era solo una experiencia visual y sensible al tacto, también sugestiona el oído de manera poderosa, casi hipnótica. ― Escúchame Lis. Mírame por favor ―continuaba gritando la figura detrás de las llamas. Yo no le escuchaba. Me aterraba lo que pudiera decir. Concentré, en cambio, toda mi atención en el poder devastador del fuego, que para esas alturas estaba debilitando de gravedad la estructura de la casa. Si era un fantasma o si de verdad era Alan, no quería saberlo, solo quería que todo acabase, o por lo menos una parte

