Las manos de Evie se aferraban a las sábanas color marino que adornaban la cama de Ben, sus pechos se movían hacia atrás y hacia adelante mientras que sus botones color durazno rozaban con la fina tela en cada movimiento de su cuerpo, sus cabellos desordenados cubrían parte de su rostro y guturales sonidos salían de su garganta mientras que con las rodillas apoyadas sobre aquel colchón y elevando un tanto su trasero recibía las embestidas del hombre al que tanto amaba. —¡Ohh... Ben! – Exclamaba Evie su nombre cuando su dureza se introducía de vez en vez dentro de su cavidad. Esa era la cuarta vez que experimentaba un orgasmo en el transcurso de la noche y cuando Benjamin al fin alcanzó aquel placer eminente se dejó vencer sobre el cuerpo de Evangeline y posteriormente depósito un beso so

