Capítulo 27

1337 Palabras

Sería un eufemismo decir que el silencio se instala entre nosotros de forma incómoda. Lo miro de reojo y sonrío ligeramente al ver que está aplastado en mi diminuto coche. Casi golpea el techo con su altura, y sus piernas están enrolladas en un pretzel. —¿Tienes suficiente espacio? —pregunto, encendiendo los faros. No me contesta, sólo se gira hacia la ventanilla y se queda mirando por ella. La luz del techo sigue encendida porque mi coche es un viejo pedazo de mierda antiguo y defectuoso al que le gusta joderme. Alargo la mano para apagarla y le observo un segundo más. Recién ahora me doy cuenta de la sedosa camisa de botones violeta que le abraza la parte superior, y de los ajustados pantalones de cuero n***o que le agarran las piernas. Las mangas se remangan hasta debajo de los codos.

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