— ¡Dime que es broma! – Grita Adam mientras se partía de la risa, me uní a él también riéndome. —Desearía que fuera broma, ¡Ese perro me persiguió por casi 4 cuadras! – Habíamos terminado hablando de nuestras mayores vergüenzas en un patio de comida, Adam era divertido y muy agradable, había logrado hacerme olvidar de mis problemas en un chasquear de dedos. Había terminado contándole que tenía problemas con Alex (omitiendo todo lo sobrenatural) a lo que respondió simplemente. —Si el imbécil no confía en ti, patea su trasero y quédate soltera – Ojalá fuera así de fácil, luego se encargó de cambiar rápidamente el tema, pidiendo comida acompañado con su lema Estómago lleno, corazón contento. Su sonrisa cálida y la forma en que reía cada vez que escuchaba alguna de mis histori

