Perla no entró a clases, quería saber si era cierto que Branko había vuelto y se fue a las rocas. ―Buenos días, gachí ―la saludó Lazlo. ―Hola. ―¿Busca a Branko? ―Sí… Sí… Bueno, yo sé que él anda de viaje y… ―Él volvió. ―¿Volvió? ―preguntó ilusionada. ―Ayer, pero no volvió bien. ―¿Cómo que no volvió bien? ―Llegó enfermo, el doctor dice que es puro estrés, yo digo que es amor. ―Lo he extrañado tanto. ―Y él a ti, no sabes cuánto sufrió por estar lejos. ―¿Está bien ahora? ―No. ―¿Puedo hacer algo? ―Asegurarle tu amor, si es que lo sientes todavía. ―¡Claro que lo siento! Yo lo amo ―aseguró ofuscada. ―Anoche él deliraba con que ya no lo amabas, que te habías olvidado de él, que estabas con otro. ―Eso no es verdad, yo lo amo, no estoy con nadie. ―¿Segura? ―¿P

