Branko se devolvió con su padre al campamento. ―Ya lo sabes, Branko, no quiero que te involucres con esa gachí, si me vuelven a llegar rumores de que te estás juntando con ella a escondidas, tendré que darte un escarmiento y no quiero hacerlo. ―¿Rumores , dadá? ¿Quién te fue con el chisme? ―Eso no importa. ―¡Claro que importa! ¿Acaso fue Melalo? ―Ya te dije que eso no importa. ―Fue él, ¿cierto? ―Hijo, él quiere tu bien, como todos aquí. ―Dadá, él solo quiere tu puesto, ¿cuándo te darás cuenta? No deja de andar con cuentos de viejas de aquí para allá. ―Eso no es así ―replicó sin convencimiento el padre, porque, desde que era joven, su tío quería tomar el puesto de rey, incluso cuando ocurrió lo del incendio, quiso hacerlo desistir de tomar su puesto como rey y convencerlo de

