―¿Y ahora qué harás, Spiro? ―le preguntó Vadim a su amigo mientras esperaban a que saliera Dinka. ―No lo sé, Dinka no querrá volver conmigo y lo entiendo, yo tengo mi casa… ―¿Por qué no vuelves al campamento? ―No podría, después del daño que te hice y que causé, ¿con qué cara miraría a esos gitanos de nuevo? ―¿Es que acaso no nos conoces, Spiro? Nadie te va a juzgar, Melalo te metió cosas en la cabeza y tú eras joven y estabas muy enamorado. ―Sí, pero yo tenía a Mirko, él siempre quiso aconsejarme, siempre me dijo que debería dejar a Dinka. ―¿Lo ves? Eso era algo a lo que no estabas dispuesto. Mirko no sabía que yo la iba a dejar, que no te la quería quitar. Sin la maldad de Melalo, Mirko te hizo sentir que debías separarte del amor de tu vida, que yo no permitiría su amor. ―

