―Muchas gracias, doctor ―dijo con profunda gratitud la madre. ―De nada, hacemos nuestro trabajo. ―Le salvaron la vida a mi hija. ―Ella es una joven muy fuerte. ―Sí ―aceptó la madre, con emoción. ―Ahora pueden irse tranquilos, ella se pondrá bien ―le dijo el médico con una gran sonrisa, salvar vidas era su vocación. El regreso al campamento fue distinto a los otros días, aunque Perla seguía en esa cama, estaba fuera de riesgo vital y no quedaría con secuelas. ―Por fin te veo ―saludó Melalo al ver llegar a Dinka―. Ya no pudiste seguir escondiéndote. ―No me he escondido de nadie. ―Ah, no, ¿cuántos días llevas aquí en el campamento y no te había visto? ―Pero no por esconderme, he estado con tu hermana. ―Ella te está encubriendo. ―Ella me recibió en su chara. El gitano e

