Al llegar a casa intenté mantenerme despierta para interrogar a Alex sobre su misteriosa salida, sin embargo, dio medianoche y no hubo caso, no llegó. En la mañana antes de que yo siquiera despertara, lo que era muy sospechoso porque la disquera no habría hasta las nueve. Mi padre tramaba algo y yo descubriría qué. Cuando llegué a la escuela, corrí al casillero de Liam para hacer dos cosas: Desearle un feliz cumpleaños y golpearlo por no devolver el carro la noche anterior. - ¡Greenwood! – me lancé sobre él a abrazarlo. – Feliz cumpleaños, bebé. Espero que cumplas millones de años más – planté un beso en su mejilla. - Me ahogo – se quejó con una sonrisa. - Lo siento – lo solté y sonreí también. - No importa, gracias por recordarlo, Kim y Dani no me han dicho n

