Aquella tarde, mientras yo intentaba encontrar ropa que no me importara arruinar para cuidar a Jason tranquila, Ted Richmond me llamó. Me pareció extraño, yo lo había dejado solo en el baile la noche anterior y él… parecía no rendirse conmigo. - ¿Sí? – contesté como si no supiera quién llamaba. - Madie. Hola soy Ted– sonaba bastante contento. Suspiré. - Hola, Ted. - Me preguntaba si vas a hacer algo hoy en la noche. - Seré niñera y encerrada en casa esta noche – reí. – Lo siento, debo cuidar a un niño. - ¡Vaya! mejor aún ¿Te molesta si voy a tu casa y llevo unas películas? - Yo… - Oh vamos, Madie. Me debes la salida – canturreó. Me mordí el labio. ¿Estaba bien tener una cita mientras cuidaba al hijo de mi… amigo con beneficios? La respuesta era un rotundo no. Sin embargo, tenía

