Yo sabía muy bien que mi padre tenía miedo de perderme, de perder a un gran empleado y de que a Jason le pasara algo más grave. Betty estaba nerviosa, a pesar de que le dije que se calmara. No se podía creer que mi padre, entre comillas, me había permitido ver a Nathan y le había devuelto el empleo. Era increíble. Betty y yo llegamos a la sala de espera del tercer piso y una enfermera nos guio hasta el cuarto. Cuando abrí la puerta me encontré con Nathan durmiendo en el sofá y a Jason durmiendo en la camilla. Se veían adorables. Betty se sentó a un lado de Jason y yo me acerqué a Nathan. - Nathan – murmuré mientras lo sacudía un poco. Él se quejó, de seguro estaba cansado. - Madie… – me miró con los ojos entrecerrados y sonrió. Estaba despeinado, con una playera azul y jean

