Narra Carolina
La casa está en silencio cuando cruzo la puerta.
No es un silencio normal. No es ese que aparece cuando todos duermen o cuando la televisión está apagada. Este silencio pesa. Se mete en los oídos. Se queda pegado a la piel.
Cierro la puerta detrás de mí con cuidado, como si hacer ruido pudiera romper algo que ya está roto desde hace tiempo.
El pasillo está oscuro. La luz de la cocina se filtra apenas, dibujando una línea amarilla en el suelo. Me quedo ahí, de pie, con la mochila colgando de un hombro, sintiendo cómo el cansancio me cae encima como una losa.
—Ya volvimos —murmura la voz.
Cierro los ojos.
No. No ahora.
Aprieto los dientes y camino. Cada paso suena más fuerte de lo que debería. Como si la casa quisiera delatarme.
Cuando llego a la cocina, los veo.
Carlos está sentado en la mesa, con las manos entrelazadas, la mirada perdida en algún punto que no existe. Max está apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, tenso, como si estuviera listo para pelear… o para huir.
Los dos levantan la vista al mismo tiempo.
Y ahí está.
Ese momento incómodo.
Ese donde nadie sabe qué decir.
Ese donde todo lo que pasó se queda flotando en el aire como un fantasma.
—Llegaste —dice Carlos, con la voz baja.
No respondo.
Camino hasta la mesa, dejo la mochila caer en una silla y me siento sin mirarlos. El olor a café frío me golpea la nariz. Hay una taza frente a mí. No sé cuánto tiempo lleva ahí.
—¿Estás bien? —pregunta Max.
Su tono no es agresivo.
Eso es lo que más me incomoda.
Levanto la mirada despacio y lo observo. Tiene ojeras. El ceño fruncido. Los ojos llenos de algo que no sé si es miedo o duda.
—¿Te importa? —respondo.
El silencio se vuelve más pesado.
Max aprieta la mandíbula.
—No empieces —dice, seco.
—No empecé nada.
Carlos interviene antes de que esto escale.
—Basta los dos —su voz suena cansada—. Carolina… solo queremos saber si estás bien.
Lo miro.
Por un segundo.
Solo un segundo.
Y siento algo extraño en el pecho. Algo que no reconozco. Algo que se parece… a culpa.
—Estoy viva —digo—. Con eso debería bastar.
La voz dentro de mí suelta una risa baja.
—Qué patética respuesta.
Ignoro eso.
Me levanto. No quiero estar aquí. No quiero esta conversación. No quiero sus miradas.
Pero cuando doy un paso hacia la puerta, la voz vuelve.
Más fuerte.
Más clara.
—No te vayas.
Me detengo.
Mi mano tiembla.
—Cállate —susurro.
—No puedes ignorarme siempre —responde—. No después de hoy.
Aprieto los puños.
Max frunce el ceño.
—¿Con quién hablas?
—Con nadie.
—Mentira.
—No es tu problema.
—¡Claro que lo es! —explota—. ¡Después de lo que hiciste hoy, todo es mi problema!
El aire se corta.
Lo miro fijo.
—¿Qué hice? —pregunto, despacio.
—No te hagas la idiota, Carolina —dice—. La forma en que la miraste… la forma en que hablaste… no eras tú.
Sonrío.
Pero no es una sonrisa bonita.
—¿Y quién era entonces?
Max no responde de inmediato.
Duda.
Y esa duda lo delata.
—Eso es lo que quiero saber —dice al final.
La voz dentro de mí se mueve.
Como si se acomodara.
—Díselo —susurra—. Dile quién soy.
—Cállate —repito, más fuerte.
Carlos se levanta de golpe.
—¡Carolina! —su voz suena alarmada—. ¿Qué te pasa?
Respiro hondo.
El aire me quema al entrar.
—Nada —miento—. No me pasa nada.
Pero mi cabeza late.
Mis manos tiemblan.
Y hay algo… algo oscuro moviéndose dentro de mí.
—Mientes —dice la voz—. Siempre mientes.
Camino hacia la puerta otra vez.
Necesito salir de aquí.
Necesito silencio.
Necesito… control.
—No has terminado esta conversación —dice Max, interponiéndose.
Lo miro.
Más cerca ahora.
Puedo ver cómo su pecho sube y baja rápido. Cómo sus manos están tensas.
—Muévete —le digo.
—No.
—Max.
—No.
El aire se vuelve pesado.
Demasiado pesado.
—No quiero pelear contigo —añade, más bajo—. Pero algo está mal contigo. Y no voy a hacer como si no lo viera.
Eso me golpea.
Porque es verdad.
Y porque lo dice él.
—No sabes nada —respondo.
—Entonces dime.
Silencio.
La voz se acerca más.
—Hazlo.
Mi corazón late más rápido.
—Dile.
—No —susurro.
—Dile o lo haré yo.
Aprieto los dientes.
—No puedes.
—¿Segura?
Un dolor agudo me atraviesa la cabeza.
Me llevo una mano a la sien.
—Carolina… —Carlos da un paso hacia mí.
—No te acerques —digo de inmediato.
Mi voz suena… distinta.
Más grave.
Más fría.
Max lo nota.
Lo sé porque su expresión cambia.
—¿Escuchaste eso? —dice, en voz baja.
Carlos no responde.
Pero lo siente.
Todos lo sentimos.
—Ya no puedes ocultarlo —susurra la voz—. Ya no.
Respiro.
Intento calmarme.
Intento mantenerme.
Pero es como sostener agua con las manos.
Se escapa.
Siempre se escapa.
—Estoy bien —repito.
Mentira.
—No estás bien —dice Max.
Verdad.
—Solo… necesito descansar.
Paso a su lado.
Esta vez no me detiene.
Subo las escaleras sin mirar atrás. Cada escalón pesa más que el anterior. Siento sus miradas clavadas en mi espalda.
Entro a mi cuarto y cierro la puerta con seguro.
El clic suena definitivo.
Me dejo caer en la cama.
El techo gira lentamente sobre mí.
—Eso fue divertido —dice la voz.
Cierro los ojos.
—Vete.
—No puedo.
—Entonces cállate.
—Tampoco puedo.
Silencio.
Pero no es silencio real.
Nunca lo es.
—¿Sabes qué es lo peor? —dice.
No respondo.
—Que ellos ya lo sienten.
Trago saliva.
—Max… —continúa—. Él ya sabe que algo no encaja.
Mi pecho se aprieta.
—Y tu padre… —su tono cambia—. Él lo sospecha desde antes.
Abro los ojos.
—¿Qué?
La risa vuelve.
Lenta.
Oscura.
—¿De verdad crees que esto empezó hoy?
El aire se vuelve frío.
—No —susurra—. Esto empezó hace mucho tiempo… y tú solo eres el siguiente paso.
Mi corazón se detiene un segundo.
—¿Qué quieres? —pregunto.
—Sobrevivir —responde.
Simple.
Claro.
Aterrador.
—¿Y para eso…?
—Para eso necesito que dejes de resistirte.
Niego con la cabeza.
—No.
—Entonces vas a sufrir.
El silencio cae otra vez.
Pero ahora pesa más.
Mucho más.
Me giro en la cama y me cubro el rostro con las manos.
Quiero dormir.
Quiero olvidar.
Quiero que todo esto desaparezca.
Pero sé que no va a pasar.
Porque justo antes de que el sueño me arrastre, la voz susurra una última cosa:
—Esto recién empieza, Carolina…
y la próxima vez… no te voy a pedir permiso.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
me da miedo cerrar los ojos.