Me dejó en el parque y antes de bajarme del auto, algo inesperado nos ocurrió: ambos estornudamos al mismo tiempo. Soltamos una risita, esa clase de risa que compartes cuando todo parece encajar de forma perfecta e inexplicable. Me bajé del taxi con una sonrisa tan grande que sentía que me llegaba hasta las orejas. Al cruzar la puerta de la casa lo primero que vi fue a mamá y a Vanessa, al verme se quedaron en silencio. Era evidente que estaban hablando de algo que no querían que yo escuchara. Vanessa me saludó con una sonrisa maliciosa. —Se nota que tuviste un fin de semana muy intenso —dijo, con una doble intención clara en su voz, mientras sus ojos se detuvieron en mi cuello. Recordé las marcas que había dejado, instintivamente me cubrí con el abrigo, pero no pude evitar que una so

