—Gracias, Josh. Siempre sabes cómo cuidar de mí. ¿Por qué no les muestras lo que puedes hacer con esas manos? —dijo Ale, liberando esa mirada endiablada. Sus palabras tenían una doble intención que Josh conocía bien. Alan, con una mirada fija en Ale se tomó otra copa, esa vez más despacio, tratando de mantener la cordura, la poca que le quedaba. El ardor del licor apenas mitigaba el fuego que sentía en su interior. Empezó a toser, el trago se le fue derecho. Vanessa le dio un pequeño golpecito en la espalda, él con un movimiento de cabeza indicó que estaba bien. —Turquesa, si tú lo pides, por supuesto —respondió Josh con una sonrisa. Todos cruzaron miradas, Ale tuvo que contener una carcajada. Sus padres parecían a punto de que se les salieran los ojos; claramente, estaban pensando c

