Intentó desviar la mirada, pero era como si sus ojos tuvieran absoluto control; la buscaban, veía que Ale y Josh intercambiaban sonrisas y miradas cómplices, cada gesto parecía un pequeño puñal que derribaba su compostura. Los celos eran como un veneno que se esparcía lentamente por su cuerpo, nublando sus pensamientos y sacando cada inseguridad que intentaba enterrar. Su mirada, habitualmente serena, se oscureció reflejando la revolución de emociones que habían tomado control de él. Cada sonrisa compartida entre Ale y Josh resonaba en sus oídos. Sentía sus manos temblar apenas perceptible y un calor incómodo subir por su cuello. Era la primera vez que le costaba tanto mantener su autocontrol. Unos pensamientos oscuros se apoderaron de su cabeza y un deseo de ser él quien recibiera esas

