Capitulo 7

1305 Palabras
Pasaron varias horas más antes de que otro pequeño toque en la puerta la despertara de aquel mundo financiero que no lograba comprender. Dejó los documentos a un lado y dió la autorización para entrar. Una cálida sonrisa se instaló en su rostro cuando vio que era Erika, su nana. —Hija mía, tienes una visita —Rayen frunció el ceño, no esperaba visita alguna, no cuando su vida social era nula. —¿Quién es, nana? —Alzó ambas cejas en señal de asombro. —Una señorita, hija —respondió la mujer y regresó poco después en compañía de una joven de cabello castaño rizado y rostro firme, una joven atractiva, pero su mala actitud y prepotencia le restaban belleza; Rayen se tensó, todos sabían perfectamente quién era esa mujer, Julieta Vallejos, sobre todo era conocida por lo ligada que estaba al nombre de Tobías Stornent. —Srta. Vallejos, muy buenas tardes —saludó cordialmente para luego esbozar una discreta sonrisa. —Por lo que veo las presentaciones no son necesarias, Rayen —dijo la castaña al momento que se adentraba en el despacho para luego sentarse frente a ella, Rayen alzó una de sus cejas ante su descortesía y rudeza, pero lo dejó pasar, volviendo a acomodarse en su silla. La castaña la examinó de pies a cabeza haciendo sentir incómoda a Rayen, quién desvío la mirada ante tan exhaustivo escrutinio. La rubia era atractiva, sí, eso no podía negarlo, pero seguía siendo una niña. Su juventud aún podía notarse en sus rasgos, mientras que Tobías definitivamente lucía como todo un hombre maduro ¿Cómo demonios iban a funcionar juntos si uno era más maduro que el otro? Realmente no le veía futuro a esa relación, mucho menos en las condiciones que se establecía. —Creo que sabes por qué estoy aquí, Rayen. —El tono de voz empleado por la castaña fue rudo, no andaría con rodeos ni formalidades. —Me temo que no sé a que se refiere, señorita Vallejos —respondió la rubia con firmeza, su rostro no revelaba emoción alguna. —Tobías, me ha puesto al tanto sobre esta locura del matrimonio. Esto es un disparate, ese matrimonio no puede llevarse a cabo. He venido a que me digas cuál es tu precio. —La castaña arrojó lo último con veneno y Rayen se quedó por un momento observándola, incrédula. —¿Disculpe? ¿Qué quiere que le diga, qué? —Cuestionó indignada. Esta conversación estaba tomando un rumbo bastante desagradable. —¿No me oyes? Sé perfectamente que te casas con Tobías por dinero y estoy dispuesta a darte una buena cantidad por simplemente salir de su camino. —Rayen estuvo a punto de sonrojarse a causa de la ira, pero su perfecto control emocional le permitió permanecer indiferente ante tanto disparate. —Creo que usted se ha equivocado, señorita Vallejos, este matrimonio fue concertado por nuestras madres, no fue concertado por nosotros. Que le quede clara una cosa, yo no quiero casarme con Tobías, ni tener ningún tipo de relación con él, pero acuerdos como estos no se solucionan con algo tan simple como el dinero, hay mucho en juego. —Respondió con severidad. —¿Qué cosas hay en juego? ¿Tu futura estabilidad gozando de toda la fortuna de Tobías? ¡Bajo mi cadáver! ¡No permitiré que una oportunista como tú ponga sus sucias manos sobre el arduo trabajo de Tobías y su familia. —Advirtió la castaña acaloradamente y Rayen bufó en respuesta. —Se supone que usted pertenece a familias de clase alta, Vallejos, las familias adineradas como las nuestras no se retractan de sus acuerdos, a menos que las dos partes estén mutuamente de acuerdo. Las consecuencias por el incumplimiento son grandes y variadas según lo que elija la familia y yo no pondré en riesgo a mi familia solo porque su amigo es incapaz de enfrentarse a su madre y pedir el anulamiento. Si Tobías, viene personalmente a pedirme la nulidad con la aprobación de su familia, entonces yo me retiraré sin decir otra palabra, porque honestamente tampoco quiero unir mi vida a la de él, pero no se puede hacer de otra manera. —Oh, por Dios, no pretendas que no es exactamente lo que tú quieres, Rayen, sé que tu madre y tú están en bancarrota y muy pronto todos lo sabrán también, quieren salvar su posición trepándose al mejor prospecto y no lo soltarás tan fácil ¿verdad? —Julieta puso sus manos sobre el escritorio y golpeó la madera con sus palmas. —¡Déjelo! Tobías, está enamorado de alguien más y jamás querrá a una mujer vividora y oportunista como tú... —Yo no he pedido nada de esto, Vallejo. Quiero que sepa que prefiero morir pobre a tener que unirme a quién no amo, pero mis manos están atadas. No hay nada que yo pueda hacer al respecto. —Replicó Rayen con frialdad, cruzando sus brazos en un gesto desafiante. —Tobías puede luchar lo que quiera si tan enamorado dice estar, pero yo no pondré a mi familia en peligro por él. Ahora, si ya terminó de insultarme, tendré que pedirle que se marche, no tenemos nada más de que hablar usted y yo. —Julieta la miró con furia unos segundos más antes de salir lanzando la puerta, dejando que está se azote con violencia. Rayen se dejó caer en su silla de nuevo, enterrando su rostro entre sus manos. Esto se estaba saliendo de control. Rayen, sabía que la tenía razón, después de todo, los matrimonios de este tipo nunca terminaban bien y su madre no lo podía comprender, ella se había unido a su padre por amor. Rayen, no creía que ella fuera a ser tan afortunada y que con el tiempo pudiese enamorarse de Tobías, no cuando el hombre amaba a otra mujer. La única vez que escuchó de un caso de retracción por una de las partes del acuerdo, se trataba de Sebastián Evans, primo de su madre, quién se rehusó a casarse con Esmeralda Price, una mujer varios años menor que él. El escándalo fue grande y duradero, la familia Price cortó todos sus negocios con los Evans y casi los llevaron a la bancarrota en su coraje, si no fuera por la intervención de los Stornent, que casaron a Sebastián con Laura Stornent, la hermana de James Stornent. Rayen, no quería estar en la boca de todos, sabía que cuando saliera a la luz lo de su empresa nadie dejaría de hablar y todos dudarían de sus razones para casarse. Sería el hazme reír de la alta sociedad, sin mencionar que sería señalada como una oportunista y no podía someter a su madre a esa clase de martirio, ella siempre había sido una dama respetada y Rayen se encargaría de que lo siguiera siendo. Incluso si tenía que contraer matrimonio con Tobías Stornent. Se levantó del escritorio y con pasos lentos se acercó al enorme ventanal del despacho. Afuera estaba aterdeciendo, el cielo estaba completamente gris y las nubes oscuras se aglomeraban una sobre la otra. Rayen, con la mirada perdida en el cielo, dejó caer las lágrimas que llevaba horas reteniendo. Se sentía tan presionada, por momentos sentía que la carga era demasiado pesada para ella y le dolía ver cómo todos sus sueños se desmoronaban frente a ella. Rayen, lloró, lloró amargamente mientras recargaba su frente contra el cristal del ventanal. Estaba asustada, faltaban unos pocos días para conocer a su futuro esposo y no sabía a qué atenerse. Al parecer, dentro de la respetada familia Stornent, su única aliada sería Angeline, su suegra. Estaría sola, sin nadie en quien confiar, rodeada de personas ambiciosas que la veían como a una amenaza y dudaba de tener las suficientes fuerzas para lidiar con todo eso.
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