Caracteres

1011 Palabras
Y mientras todos comentaban la audacia del llamado Joe y la suerte que tuvo, Alma y Lilian se sentaron en unas cómodas poltronas para conversar un poco. —¿Por qué siempre tengo que estar protegiendo a mis invitados de ti, amiga? —le reconvino Lilia— Sé que estuviste a punto de golpearlo. —No sé por qué dices eso —le dijo Alma mirándola con los ojos entrecerrados— ¡Ni siquiera le había dado la primera advertencia! Después de decir esto con toda seriedad se echó a reír con su risa cristalina que tanto atraía a los hombres. Parecía como si Alma Rochester hubiera sido creada para seducir con su sola presencia y cada atributo que tenía no hacía sino incrementar el nivel de atracción que emanaba de su ser. Esa no era precisamente una noche para invitar a bailar a Alma Rochester, después del incidente con el chico llamado Joe todos los demás hombres como que agarraron cierto temor de acercarse a ella, y eso que había varios conocidos entre los que asistieron al ágape. Lillian y Alma eran muy buenas amigas, así que se quedaron conversando durante bastante tiempo, algunos más osados que otros se acercaron con intenciones de invitarlas a bailar pero Lilian le hacía una señal antes de que llegaran hasta ellas y ellos se retiraban de nuevo. Mientras las dos amigas se quedaban conversando, a varios cientos de kilómetros de Los Ángeles, Brandon Lester se detenía por unos momentos ante un enorme portón mientras esperaba que éste se abriese de manera automática, su auto tenía un dispositivo que hacía que éste reconociera el auto y sin necesidad de intervención humana se abría para dejar pasar al propietario. Y no es que no hubiera vigilantes en la enorme extensión de terreno que rodeaba la fabulosa casa de Brandon, había un par de docenas de ellos alrededor de la propiedad e incluso algunos estaban en sus propias casas dentro de los límites de la mansión que ocupaba unos cuantos acres de terreno completamente cuidado, con riego automático para mantener la vegetación en perfecto estado de conservación. Había dejado a Melissa Carter en su apartamento después de pasar casi todo el día haciendo el amor con ella, y ese era exactamente el motivo por el cual no la había dejado todavía, ella satisfacía todos sus instintos eróticos al máximo y le gustaba cómo lo hacía sentir en la cama. Ella era una auténtica diablesa en esas lides amatorias, le encantaba tener sexo y parecía que era insaciable, una característica que la hacía cansona para algunos hombres, pero para Brandon era la chica ideal, su líbido siempre se mantenía alto y no era que necesitara tener sexo a cada momento, pero sí que cuando quisiera le gustaba tener a una chica dispuesta a su lado. habían habido más de una, a quien él había abandonado tan solo porque se había negado a tener sexo con él en un momento determinado que él lo exigiera. Algunas mujeres lo habían catalogado de enfermo s****l pero normalmente no lo habían acusado directamente ni tampoco lo hacía de manera "oficial", más bien eran comentarios de pasillo, un chisme por aquí y otro por allá pero nada en concreto que pudiera ser tomado como una acusación para una demanda. Brandon era un hombre que había sido criado de una manera, a todas luces, equivocada, pero él no había tomado en serio algunos consejos que le daban los pocos "amigos" que tenía. Tenía su personalidad y a él le gustaba cómo era y encima de eso no había encontrado un motivo lo suficientemente fuerte como para cambiar, veía la formalidad como algo más allá de lo necesario y lo único que realmente le importaba este chico, y por lo que se desvivía era por volar en un avión que él mismo estuviera pilotando y la compra de objetos de arte, en los cual destacaba claramente, tenía hasta una visión especial para comprar cosas como cuadros, artesanías únicas, estatuas o cualquier cosa de poco valor para que luego resultará algo más valioso de los que se pudiera esperar. También le gustaban los cuadros clásicos y había tratado incluso de comprar alguno a museos como el Louvre en París, por supuesto que sus ofertas fueron rechazadas pero ocasionalmente insistía aumentando la cantidad de dinero que ofrecía por el objeto. También había tratado de comprar algunos cuadros qué estaban en mano de algunas familias adineradas, algunos habían cedido ante su insistencia y por la generosa oferta que hacía en ocasiones sobrepasaba en mucho el valor real del cuadro en el mercado del arte. En ese aspecto era como un niño caprichoso qué cuando se antojaba de cualquier cosa hace un berrinche hasta que lo obtenía, así era Brandon Lester en ese terreno. Después de pasar el portón automático y una garita donde había un par de guardias, siguió por el sendero rodeado de árboles de Roble que se extendía a lo largo del serpenteante camino desde la entrada hasta la casa. Detuvo el auto al frente de la misma, era una hermosa casa bastante moderna pero con reminiscencias del estilo victoriano original que había tenido desde la época de la colonia en esa zona. La propiedad la había adquirido Ronald Lester después de batallar durante mucho tiempo con los antiguos dueños, estos eran una antigua familia de descendencia española que habían ocupado la propiedad durante varios siglos y le tenían mucho apego, por lo que representaba para la familia, sin embargo en las últimas fechas, por algunos malos manejos, se estaban quedando sin dinero por lo que decidieron vender la propiedad a regañadientes. La propiedad había sido originalmente una hacienda dónde se producían naranjas y también uvas de primera calidad, la familia tenía hasta su propia marca de vino que el viejo Ronald Lester adquirió también junto con la propiedad. Sin embargo con el tiempo decidió eliminar los sembradíos de naranjas y solamente dejo los hermosos viñedos para seguir trabajando con el vino, más por conservar esa tradición y esa marca que por el negocio mismo.
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