Cambios

1522 Palabras
Vivian salta el muro de la escuela como si fuera pan comido. Hemos escondido las mochilas detrás del árbol del patio y hemos venido directamente hacia acá, pero desde ya sé que es una mala idea.  Ella esta del otro lado esperando que yo salte, sin embargo mis pies están temblando y mis manos están sudorosas; esto esta mucho mas al borde de las cosas interesantes que me han pasado este año. Sobrepasa unas cien mil veces al estúpido saludo de Niki; no sé como es que en un día todo se puede poner tan distinto al día anterior. Ni siquiera conozco a esta chica; todo lo que se es que se llama Vivian y le han transferido de clase, eso quiere decir que es un grano en el culo y un dolor de cabeza para alguien en el otro salón, y no por nada ahora me esta incentivando a que yo salte la cerca. Me preparo para hacerlo porque no quiero parecer una gallina, a pesar de que lo sea totalmente.  — Pero estoy con falda— me excuso, segura de que ese no será un impedimento para que ella me siga incentivando a que salte. — ¿Y? nadie te vera— dice ella, dándole la razón a mis pensamientos.  Pongo un pie en un hueco como lo ha hecho ella, con mucho cuidado. Pero soy muy torpe y al primer intento se resbala haciendo que vuelva a caer al suelo. Ella se cruza de brazos, suponiendo que se encontrará allí demasiado rato. — A este paso nos van a pillar. Le doy una mirada asesina, estoy haciendo mi mejor esfuerzo para hacerlo bien pero no podré hacerlo si ella sigue poniendo presión. Nuevamente lo intento, esta vez me sostengo durante unos segundos pero vuelvo a caer. Vivian se acerca. — No, lo estas haciendo mal, tienes que afirmarte de la cerca con tus manos una vez que tu pie esté puesto, de otra manera te seguirás resbalando.  — Es fácil para ti, apuesto a que lo has hecho un millón de veces. Se encoge de hombros y se sienta en la vereda de la calle que esta al otro lado del cerco. Respiro profundamente, como si esta fuera la definitiva; lograre saltar el cerco y escapar de clases. Hago exactamente lo que ella me dice; pongo mi pie en un hueco de la cerca y una vez hecho me sostengo con mis manos.  Me impulso un poco hacia arriba y luego pongo mi pie en un hueco que está más alto que el anterior.  Miro hacia abajo; es solamente un metro ochenta de cerca, estaré bien. Vivian sonríe con aprobación.  Una vez que estoy arriba pongo mi pie al otro lado y simplemente cierro los ojos y me tiro al vacío. Es ese microsegundo en el que veo pasar mi vida por delante de mis ojos, mi corazón late a mil por hora y algo me dice que todo ha salido mal, y no es la risa histérica de Vivian, es mi falda atorada en la cerca haciéndome doler la cintura y yo atorada allá arriba sin poder bajar. Por lo menos, ahora estoy al otro lado.  Mis pies están en el aire flotando. Los muevo un poco; que vergüenza siento en este instante.  — Tu falda se ha enganchado en la cerca— dice ella, en medio de risas, como si yo no lo hubiera notado ya. Muevo mis pies con desesperación pero lo único que logro es que mi falda cruja como si fuera a romperse. Lo peor de todo es que si en este momento se llegara a aparecer el director o algún profesor, la primera imagen que verían seria la de mi trasero, mis calzones rosas, mis dos nalgas tocando la cerca, y mi falda enganchada arriba.  Yo flotando en el aire, moviendo mis piernas a mas no poder para intentar salir de allí. — Deja ya de reír y ven a ayudarme— le digo a Vivian, en un intento para que se apiade de mi. — ¿Como quieres que te ayude a bajar de ahí? — pregunta ella, aun riendo. Si, vaya, qué chistoso. Me siento como una completa imbécil por dejar que Vivian me traiga hasta acá.  — No sé, piensa en algo— le digo yo, algo rendida de que no va a resultar que siga moviendo mis pies sin que mi falda se rompa— Jala mi falda hacia arriba hasta que pueda bajar de aquí. Me cruzo de brazos esperando a que ella se calme un poco y hace un gesto como si se le hubiera encendido la ampolleta que parecía tener oculta en su diminuto cerebro. — No me voy a poder tu peso— niega con su rostro— Pero tengo una idea, desabrocha tu falda así puedes caer por debajo. — ¡Pero quedaré en ropa interior!  Dios mío. Esto ha sido peor de lo que pensé. Vivían frunce el ceño porque es la única idea que tiene. — Estarás en ropa interior como unos dos segundos, luego de que caigas saco tu falda de la cerca y te la vuelves a poner. Dudo durante unos instantes; es eso o que mi falda finalmente se rompa. Además, mientras mas rato estamos aquí más siento que alguien llegara y nos va a pillar y entonces será el fin de mantener mis nalgas sin que nadie las vea durante todos estos años. — Esta bien— cedo, después de unos segundos— Pero ven a ayudarme, no creo poder desabrochar la falda por mi misma. Ella resopla y se queja en voz baja mientras sube a donde se encuentra mi falda atorada. Ella se sujeta nada mas con sus pies y con sus manos comienza a desabrochar los botones uno por uno. Ni siquiera se balancea para los lados; es como si saltara cercas durante toda su vida.  Cuando llega al ultimo botón siento como la falda se abre e inmediatamente mi cuerpo se desliza por debajo de ella hasta caer en el suelo de la vereda. Mi culo se ha arrastrado como diez centímetros por el cemento y siento que se me ha roto más de un hueso. Me quedo ahí quejándome un rato hasta que Vivian baja con mi falda. Me la entrega riendo. —¿Estas bien? No digo nada y me pongo de pie; mis nalgas están raspadas y rojas y creo que una incluso esta sangrando un poco. Siento como si alguien le estuviera echando sal a mi herida, pero son las piedras diminutas y la tierra que ha quedado ahí que me están dando un dolor en el trasero. Me sacudo un poco, avergonzada por toda la situación y de encontrarme ahí en mi ropa interior rosada. Me coloco nuevamente mi falda y miro a Vivian, algo molesta. Ella cruje sus dientes y luego de un rato sonríe.  — ¿Que te traes con esa falda, por cierto? Te pareces a Olivia Newton en Grease. Me mira de arriba abajo. Miro mi falda. Es larga hasta las rodillas y llevo puesto un suéter gris.  — O peor aun— sigue diciendo ella mientras comienza a caminar y yo la sigo por detrás— Te pareces a mi abuela cuando quiere intentar parecer joven pero solo termina pareciendo más anciana de lo que ya es. Vivían trae unos shorts hasta la cintura y una blusa blanca casi transparente; lleva unos calcetines negros hasta un poco mas arriba de su rodilla y unas botas hasta un poco mas abajo. Si yo me vistiera así a mi madre probablemente le daría un infarto. — Debería llamar al programa no te lo pongas para que hagan algo contigo. — Entiendo, mi ropa es horrible— le digo yo— Pero nunca he tenido la necesidad de vestirme de otra manera. Ella dobla por la esquina que lleva hasta el centro de la ciudad. — Lo he notado. Ella habla como si me conociera, pero en verdad no lo hace en lo absoluto. Me mira durante unos instantes. Agarra mi cabello y lo pone en una cola de caballo muy alto; recién ahí atado me llega hasta la parte más baja de la espalda. Yo no protesto, después de haber saltado la cerca, ya no hay nada peor que podría pasar.  Agarra mi falda en la cintura y la comienza a doblar para que esta quede mas corta; se detiene cuando siento que el aire toca mi trasero. Tengo que tocarme unas seis veces para asegurarme que no ha quedado arriba de mi ropa interior. Se deshace de mi suéter ; abajo llevo una playera común y corriente de color rojo. Ella niega con el rostro y saca una navaja de su bolsillo. — ¿Qué haces?— le pregunto yo cuando comienza a cortar mi playera. — ¿Por qué traes una navaja a la escuela? — Ni siquiera preguntes— dice ella, concentrada en mi ropa— Además, solo te ayudo, pareces una turista con esa cosa. La recorta alrededor de mi cintura justo donde mi falda comienza. Una vez que esta listo bota los restos en el suelo y sonríe para sus adentros.  — Ya estas mejorando. Comienza a caminar nuevamente. La sigo, no sin antes recoger el pedazo de tela que ha tirado al suelo. Me siento como si fuera un completo desastre.  —Eres muy linda Kate— dice ella mientras camina. Yo voy escuchando detrás sin decir nada- No deberías esconderte en esa ropa de anciana que siempre andas trayendo, o en tu cabello que siempre esta encima de tu rostro. — Hablas como si me hubieras puesto demasiada atención— digo finalmente. — Todos te han puesto demasiada atención Kate— se da vuelta para decirme—Solamente que tu no pareces darte cuenta de nada.
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