Niki

2545 Palabras
Luego de caminar siete cuadras es que finalmente llegamos al centro de la ciudad. Nos sentamos en una mesa de un local de Helados de Yogurth y hacemos nuestra orden; yo pedí mi favorito, helado de chocolate con galletas, y Vivian ha pedido uno de ciruela con fresa.  Luego de que le ha guiñado el ojo al chico que tomaba la orden, un posible universitario que trabaja medio tiempo y se ve que no tiene más de veinte años, ella se dirige hacía mi nuevamente, poniendo sus pies en la silla que está paralela a ella.  El día esta soleado, y hace un calor de mierda sobre todo en el lugar que estamos nosotras. Pareciera como si los rayos de sol se hubieran puesto de acuerdo para llegarme en el rostro. Vivian es la primera persona que me ha preguntado cosas que nunca nadie me había ni siquiera mencionado; como mi color favorito, qué hago cuando no estoy en la escuela, y cuando le he mencionado que mi comida favorita es el pescado y papas fritas me ha fruncido el ceño; ella me ha dejado claro que su color favorito es el verde, que cuando no está en la escuela probablemente está en alguna fiesta o coqueteando con algún chico por mensajes de texto y que su comida favorita está lejos de ser algo que no parece comida. "Me gustan las comidas más sofisticadas" Me ha aclarado ella "La comida India es mi favorita, sobre todo carne al  curry con salsa de espárrago" Yo simplemente he asentido, como si tuviera la más mínima idea de lo que me ha estado hablando, pero en realidad ni siquiera sabía que podías hacer salsa con espárragos. El chico trae nuestros helados y los reparte. Vivian toma su helado y le queda mirando. Él se va, un poco incómodo por la situación y luego ella me mira a mi. —Lo he dejado completamente flechado. ¿En serio? A mí me ha parecido que lo ha dejado completamente confundido y se ha ido porque le ha perturbado un poco la situación; pero, está bien. —Claro— contesto finalmente. Saboreo mi helado de chocolate. Por un momento me he olvidado que es horario de clase y que a esta hora debería estar comenzando química.. ¡Química! Mierda, ¡La prueba de química! ¿Como es que me he olvidado completamente de la prueba? Se supone que iba a estudiar en el recreo, y ahora ni siquiera sé si alcanzaré a llegar. Miro el reloj de la heladería; quedan solamente cinco minutos. Mi mamá definitivamente se va a enterar de ésto; ya estoy frita, no hay manera de que en cinco minutos pueda ir, saltar la cerca, correr al salón de clases, sentarme y esperar mi examen de química como si nada hubiera pasado. Comienzo a barajar mis opciones; podría simplemente quedarme fuera todo el día y si mi madre se entera le podría decir que me he sentido muy enferma y no podía dar la prueba en esas condiciones; pero, Dios, soy una horrible mentirosa. Ella probablemente me descubriría en menos de dos segundos. Comienzo a sudar; no sé que hacer. Podría simplemente entregarme con el director y pedir disculpas, y que me de otra oportunidad, así puedo hacer la prueba otro día quizás con un poco más de exigencia. O podría simplemente decirle a él que me he enfermado y así no llamará a mi madre por teléfono. No, desde mi mente ya suena como una idea terrible. — ¿Que te sucede? Pareciera como si hubieras visto un muerto—ríe Vivian. No. Ella no entiende; tengo las notas más horribles en química y no puedo dejar que se estropeen aún más solamente porque me he fugado de clases para tomar helado de Yogurth; es un lujo que no me puedo permitir.  Suspiro, cuento hasta cinco, inhalo, exhalo, inhalo, exhalo, inhalo, exhalo. Trato de controlarme tanto como es posible, pero ella está ahí, demasiado cómoda. —Tenemos prueba de química, Vivian, ¿cómo es que no estás preocupada? Ella me mira y se acomoda en su asiento. Deja su helado en la mesa y mira el reloj. — Yo no tengo prueba de química, solo me han transferido de inglés. Mi prueba de química es mañana—vuelve a tomar su helado y a recostarse en el asiento— Aun así, relájate, no alcanzas a llegar de todos modos. La miro enfadada; estoy segura que en este momento el humo está saliendo de mis orejas y mi rostro se ha puesto rojo.  Quiero gritarle algo en este instante, decirle que es una idiota y una egoísta y que ni siquiera me ha gustado tanto el helado que me ha comprado, ¡Y que mis nalgas están ardiendo! Pero lo único que hago es dejar mi helado allí justo donde estaba, pararme enfadada y correr rumbo a la escuela. Creo que puedo escuchar como grita mi nombre detrás de mí, pero para ese entonces estoy bastante lejos. Me vuelvo a colocar mi ropa justo como estaba, excepto el suéter, pues ya hace calor; no quiero ni saber cómo es que llegaré de sudada a la escuela si más encima me lo coloco mientras estoy corriendo. Mis piernas me comienzan a doler; normalmente no hago más deporte que no sea levantarme de mi cama para ir al refrigerador de mi casa. No puedo creer que esto esté ocurriendo. Nunca había visto mis piernas correr tan rápido, ni siquiera cuando Nicolas de la clase de educación física se llevó mis zapatillas por error y tuve que perseguirle para que me las dé. Llego a la escuela. Es imposible que vaya a saltar el cerco de nuevo, así que simplemente opto por la opción que para mí es más coherente; entro por la puerta principal; me voy a entregar. Corro hacía adentro, el portero me detiene. Me mira de pies a cabeza y ya sabe lo que ha ocurrido; no necesita ni siquiera preguntarlo. Me señala el asiento que está en frente de la entrada y me hace una seña para que me siente mientras comienza a marcar por el teléfono. Me siento completamente imbécil; espero que nadie se entere de esto porque es lo último que necesito después de toda esta locura. Meneo mis pies mientras espero que me digan algo. El portero se dirige hacia mí. —Sube  a la oficina del director— me dice él—Te está esperando. Voy al patio a buscar mi mochila. Todavía se encuentra detrás del árbol; también está la de Vivian.Estoy a dos segundos de poner piedras en su mochila, o llenarla de tierra, pero pienso que otra estupidez es lo último que necesito ahora mismo; además, no es como si ella me hubiera puesto una pistola en la cabeza para que yo salte esa cerca. Quizás deba comenzar a entregar la responsabilidad a mi, pues soy yo la que tenía la prueba, y soy yo la que me he olvidado; Vivian solamente me ha invitado a vivir la probable única escapada que tendré en mi vida escolar. Apresuro el paso antes de empeorar las cosas. No quiero que el director piense que ahora encima me he saltado nuestra pequeña reunión que estamos a punto de tener. Subo hasta el tercer piso donde su oficina se encuentra, justo al fondo del pasillo. Está todo callado y las salas de clases están llenas; todos haciendo apuntes, o terminando sus pruebas, y yo he jodido todo por ir a tomar helado. Niki está saliendo de la oficina del director. Me quedo mirándola; si ha estado ahí desde la pelea de la mañana, pues entonces ha estado ahí bastante rato. Ella ni siquiera ha iniciado nada. No veo a la profesora Anne por ninguna parte; me pregunto si será verdad que están teniendo una aventura.  No sé por qué, pero una parte en mi interior desea que sea todo mentira. Pero si que es verdad que he visto a Niki hablando con la profesora Anne; y también es cierto que en cuanto se ha enterado esta mañana ha salido lo más rápido que pudo en su busca. Sacudo la cabeza. Niki pasa por al lado mío; pero esta vez ni siquiera se ha girado en mi dirección. Giro el rostro; parece molesta, camina demasiado rápido y ni siquiera ha movido un poco la cabeza.  Doy tres golpes en la puerta de la oficina antes de que pueda escuchar la grave voz del director diciendo que entre. Abro la puerta, no sin antes reparar en que nunca antes había entrado a la oficina del director.  Tiene un gran escritorio, antiguo de color café donde se encuentra situado detrás. Las paredes de su oficina son igual que el resto del edificio; de madera, y viejas. El director tiene un bigote divertido; todo el mundo hace burla de él, creo que lo sabe, pero nunca ha intentado cambiarlo.  Sus ojos azules están posados en mí, y puedo notar algo de rareza en su expresión. — Señorita... — Kate— le digo yo. Ni siquiera sabe mi nombre. Probablemente ni siquiera sabía que yo iba en esta escuela.  —Kate Hoffman— prosigue, mirando sus papeles. Yo asiento con el rostro y él frunce el ceño—Disculpe, me es raro verla por aquí. — Lo sé. — ¿Entonces..?— me queda mirando, para que yo diga algo. — Hemos saltado el cerco— comienzo a decir. Luego reparo en que no puedo hundir a Vivian conmigo, por más rabia que tenga con ella en estos instantes— He saltado el cerco— me corrijo a mi misma— He saltado el cerco para ir a tomar helado de Yogurth, y  se me ha olvidado completamente que tenía una prueba de química. —Ya veo— dice él. Pone su dedo pulgar y su dedo índice en el puente de su nariz y comienza a masajear— admiro su honestidad— continúa, después de un rato—¿has sido solamente tú, nadie más iba contigo? —No tengo amigos, señor — respondo, evadiendo su pregunta, por que sé que si invento una mentira voy a salir pillada; me voy a comenzar a poner nerviosa, mis manos van a empezar a sudar y voy a intercambiar las "o" por las "a"  y viceversa.  Él parece satisfecho con mi respuesta. — No puedo dejar que hagas la prueba así como así. — Lo sé— contesto yo, es algo que ya me veía venir; solamente espero que no me coloquen la nota mínima. — Debería ponerte la nota mínima. Mierda. —Pero sé que tu no eres así, Kate— prosigue. Le miro y veo un poco de esperanza en mi camino a la prueba de química— así que algo debe ocurrir. — Prometo que no volverá a pasar, señor. Él medio sonríe y agarra sus papeles. Comienza a escribir algo en una hoja de papel que luego dobla y junta con un corchete. Le pone el timbre de la institución y me la entrega. — Ésto es lo que vamos a hacer, Kate— me mira— todos tus compañeros están haciendo su prueba ahora, y no puedo dejar que ingreses ni que hagas la misma que han hecho ellos, así que tu profesora modificará una prueba para ti y la podrás dar el viernes después de clases con una exigencia mucho mayor, así que tendrás que estudiar demasiado. — Gracias señor— sonrío, poniéndome de pie, pero él me detiene. — No es todo, Kate—me siento nuevamente— El viernes hay una ceremonia para los chicos del primer año en el teatro. Necesito que el lugar esté impecable para ese día. — ¿Usted sugiere que yo..? — No sugiero nada— ríe él— ve al teatro, y limpia. Asiento. No es como si quisiera darle muchas vueltas más al asunto; el hecho de que no me hayan puesto la nota mínima ya es un regalo para mí. Comienzo a caminar para salir pero nuevamente me detiene.  — ¡Ah! Kate- me dice él, antes de que pueda abrir la puerta. Me giro para mirarle— ¿estás segura de que nadie más se ha escapado contigo? Me quedo pensativa. Le estoy salvando el culo a una chica que no lo merece; aún así, si la escuela se entera de que le he dicho al director que Vivian también es culpable probablemente todos me odiarán y evitarán hablarme más de lo que ya lo hacen.  No es como si tuviera algo que perder al acusar a Vivian; sin embargo, prefiero quedarme en silencio.  —Segura. Él asiente y hago mi camino hasta el teatro de la escuela, que es un lugar opuesto al edificio; hay que cruzar todo el patio para llegar.  El teatro no es tan grande; pero tampoco es tan pequeño como una sala de clases. Tiene un escenario no muy alto y una corrida de cuarenta asientos hacía atrás y treinta horizontales en cada fila. En el teatro es donde se hacen las ceremonias de bienvenida, los actos de fin de año, los bailes de gimnasia, y las presentaciones de los talleres de la escuela. Yo no estoy en ninguno.  Abro la puerta del teatro. Cuando la cierro, reparo en que está todo desordenado, como si hubieran tenido una fiesta de monos antes de ésto. Suspiro. Ni jodiendo terminaré de limpiar ésto yo sola. — Kate— dice una voz a mi lado haciendo que me asuste  y choque con unas escobas. Niki las agarra para que no se caigan y por un momento su cuerpo queda realmente cerca del mío. Tomo una gran bocanada de aire y ella se aleja de inmediato. Está con un pañuelo en la mano y se ha sacado la chaqueta. La miro un poco confundida, pero no más de lo que ella parece. — Lo siento, no te he visto— es todo lo que sale de mi boca.  — Descuida, estaba escondida limpiando las ventanas— señala, orgullosa de su trabajo. Sonrío y suspiro. Agarro una escoba y me subo al escenario para limpiar los papeles de colores y los paquetes de frituras. Ella sigue limpiando los vidrios. Se ve más calmada. De vez en cuando me mira de reojo y sonríe, haciendo que me sienta completamente incómoda, así que me doy la vuelta para barrer a espalda de ella. Estamos en silencio haciendo lo nuestro durante diez minutos hasta que ella se digna a conversar conmigo. — ¿Por que te han traído a limpiar? Me doy la vuelta para estar frente a ella nuevamente, ya que vamos a hablar y no vamos a estar en silencio comunicándonos con miradas.  — Me he escapado de la escuela para tomar helado. Deja el pañuelo con el que está limpiado a un lado y trepa algos asientos para finalmente recostarse en uno. Cruza los brazos y me mira fijamente. Ella ríe un poco, pero al ver que yo estoy seria ha notado que no le estaba contando ninguna broma; eso parece hacerla reír aun más. — No sabía que hacías ese tipo de cosas. Yo dejo la escoba a un lado y me siento en la orilla del escenario. Meneo mis pies y la miro ahora a ella. — Ni yo. Nos quedamos en silencio durante unos minutos; quiero hablar con ella, pero realmente no sé qué preguntar. Ella, a diferencia, no parece tener problema para socializar; parece estar disfrutando todo esto.  — ¿Al menos puedes decir que estaba rico? — ¿Ah? — El helado— explica ella. Me encojo de hombros y suelto una risita. — Algo—  respondo— ¿por qué estás aquí tú? Ni siquiera has iniciado esa pelea— le pregunto, dejando en claro que, efectivamente, había estado concentrada en lo que había estado pasando durante  todo ese rato. — No iba simplemente a delatar a Dana. — Ah. — No pareces ser de las que castigan. Dudo durante unos instantes. — Es que no lo soy. Ella se pone de pie y comienza a limpiar de nuevo en las ventanas. Yo hago lo mismo; pero con la escoba y los millones de papeles de colores esparcidos en el suelo. — Tú no pareces ser de las que disfrutan charlar— digo, luego de unos segundos. Ella no se da vuelta para verme; sigue limpiando y simplemente me dice: — Es que no lo soy.
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