Logan llevaba horas acostado en el maltrecho sofá, bueno, si así se le podía llamar a estar con la cabeza en el sofá y las piernas encima del respaldo. Llevaba horas sin dormir, horas con la mirada fijada en un punto cualquiera del salón mientras que Amelia estaba encerrada y atada en la habitación. No sabía cuántas veces había hecho el intento de volver atrás y hacer lo que le pidió; desatarla y continuar donde lo dejaron, pero una cosa es la que decía su corazón y otra la razón, porque había ganado la razón, una palabra de cinco letras que implicaba justicia y rectitud para vengar la muerte de su padre. Todas esas horas sin dormir le habían servido para pensar y encontrar la calma que solo sabia dar el tiempo. Estaba seguro de que el huracán que sentía en todo su cuerpo algún día se

