—«Aquí estás Logan, en tu lugar habitual, ese del que nunca debiste salir» —se dijo mientras hacía un barrido con los ojos de los dos metros cuadrados de su celda. Era igual a la que tenía con Marcelo, pero no la misma, rogaba para que no le pusieran a otro compañero, por lo menos en unos días, necesitaba estar solo, necesitaba pensar, reencontrarse con sus reacciones, emociones y distorsiones. Necesitaba encontrar la capacidad y la resiliencia para soportar el despojo de hombre que ha sido y lo que estaba por venir. Había fallado en su objetivo, se había enamorado y había fallado, ya no quedaba ninguna duda de que el que se enamora siempre pierde, porque ese sentimiento te hace débil y no te permite llegar a la meta, una meta que llevaba tantos años planificando en su cabeza para que, un

