La policía tenía a Logan esposado, listo para subirlo al vehículo que lo devolverá al Centro Correccional Metropolitano de Nueva York, el mismo lugar que lo hizo fuerte, el mismo lugar donde aprendió que el bien y el mar siempre irán por caminos distintos y donde encontró a Marcelo, ese hermano que la vida se encarga de adjudicarnos para un determinado fin. A los lejos alcanzó a ver a Amelia, quien iba corriendo hasta donde estaban esperando a que el jefe de la brigada diera la orden para partir a la cárcel. Detrás de ella iba su padre, el jefe del operativo, unos cuantos policías más y algunos de los hombres de Osman. Logan no sabía por qué corría con tanta prisa, quizás quería escupirle la cara antes de mirarlo por última vez. Quizás quiera repetirle que lo odiaba. Logan agacho la cabe

