capítulo 37

4972 Palabras

–A usted –me dijo, pidiéndome fuego. Quedamos, bien se comprende, un rato mudos. –¿No entiende todavía? –dijo al fin. –Ni una palabra… –murmuré aturdido, tan aturdido como puede estarlo un adolescente que a la salida del teatro ve a la primera gran actriz que desde la penumbra del coche mantiene abierta hacia él la portezuela… Pero yo tenía ya casi treinta años, y pregunté al médico qué explicación se podía dar de eso. –¿Explicación? Ninguna. Ni la más mínima. ¿Qué quiere usted que se sepa de eso? Ah, bueno… Si quiere una a toda costa, supóngase que en una tierra hay un millón, dos millones de semillas distintas, como en cualquier parte. Viene un terremoto, remueve como un demonio todo eso, tritura el resto, y brota una semilla, una cualquiera, de arriba o del fondo, lo mismo

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