-Recuerda que tu llevarás ese caso Ana María -lo sé, lo manejaré lo mejor posible –Todo lo que quiera –le respondí francamente, aunque poniéndome al mismo tiempo en guardia. Ayestarain me miró entonces sonriendo, como se sonríen los hombres entre ellos, y me hizo esta pregunta disparatada: –¿Qué clase de inclinación siente usted hacia María Elvira Funes? ¡Ah, ah! ¡Por aquí andaba la cosa, entonces! ¡María Elvira Funes, hermana de Luis María Funes, todos en María! ¡Pero si apenas conocía a esa persona! Nada extraño, pues, que mirara al médico como quien mira a un loco. –¿María Elvira Funes? –repetí–. Ningún grado ni ninguna inclinación. La conozco apenas. Y ahora… –No, permítame –me interrumpió–. Le aseguro que es una cosa bastante seria… ¿Me podría dar palabra de compañer

