La dichosa doctora pareció haber tardado años en llegar hasta aquí, creo que no entendió la gravedad de la situación ya que decidió hacerse la tonta justo ahora. Gruñí como un maniático cuando la médica entrometida se sintió con el derecho de intentar dejarme fuera de la habitación donde mi hembra estaba visiblemente debilitada. - No saldría de esta habitación ni siquiera si un ejército con los mejores machos vinieran a intentar sacarme, lucharía hasta arrancarles la cabeza a cada uno, y con toda certeza no será una simple doctora quien me saque de aquí - dije gruñendo, finalizando con un rugido feroz sin importarme si estaba siendo grosero o no, todo lo que quería era mi hembra a salvo y, preferentemente, en mis brazos. Después de eso, ella no se atrevió siquiera a mirarme, entró en su

