Aquí estoy sentada en la recepción del hospital, esperando pacientemente (no tan paciente) a ser atendida. Hice todo un esfuerzo por venir hoy a recoger mis pastillas; ya han pasado casi dos días sin tomarlas, y eso me preocupa un poco. (¡Relájate, Scarlet! No hay casi ninguna posibilidad de que eso que estás pensando suceda) – pienso tratando de calmar mis ánimos. Mis seguridades, cariñosamente apodados "brutamontes", también están aquí. Ahora imaginen a mí rodeada de ocho enormes brutamontes en una pequeña recepción de hospital; hasta me siento como una niña aquí en medio. ¡Es el colmo de los colmos! Todo es culpa de ese ogro terco, irritante, arrogante, molesto, idiota... pero que, a pesar de todo, amo. Maldita sea, no ha pasado tanto tiempo desde que se fue y ya tengo el corazón ap

