ISABELLA Irlanda se había quedado todo el fin de semana porque no quería quedarme sola con Alaric. Fue un fin de semana bastante tranquilo en el que jugamos a videojuegos en mi PC o vimos series de televisión. Por desgracia, ya era lunes por la mañana cuando Alaric llamó a la puerta para despertarnos. —¡Isabella, despierta, la escuela empieza en una hora! ¡Y yo te llevaré a la escuela porque papá me dijo que te habías roto la pierna!—, gritó con su voz grave y áspera. Casi salto de la cama porque me asusté, ya que él nunca se acercaba a mi habitación, era la primera vez que llamaba a mi puerta. ¿Pero sabía que yo era su mate? El pasillo que lleva a mi habitación está impregnado de mi olor. Un momento, ¿el médico de la manada le ha contado a Bernardo lo de mi pierna? Parece que sí.

