No hay nada mejor que levantarse tarde de la cama sin tener obligaciones pendientes, me había levantado contenta y descansada después de pasar una noche algo distinta o mejor dicho un poco loca. Se me hizo algo extraño que Luan o Maison no tocaran mi puerta para despertarme, supongo que estarán tan cansados que no se habrán levantado tan temprano, en el reloj marca las nueve de la mañana. Como no quería ponerme ropa de calle seguí con mi pijama, fui al cuarto de baño a peinarme ese pelo alborotado, parece que he estado en una lavadora y que he salido de ella como una bola de pelusa, después baje por las escaleras y al no escuchar a nadie decidí preparar el desayuno, aún recuerdo las recetas que me enseñó mi abuela para los desayunos, fui a los estantes para ver si estaban todos los ingredientes y encontré algunos, preparé todo en la encimera y comencé a la preparación. En un bol eché la harina y la leche con los demás ingredientes para hacer las tortitas, antes de finalizar le coloco el ingrediente estrella que siempre le ponía mi abuela, mientras hacia el desayuno no paraba de pensar en mi abuela, en lo bien que me lo pasaba con ella haciendo estas recetas y lo mucho que la echo de menos, ojalá no hubiera pudiera estar con ella ahora y seguir viviendo como se asomaba Maison.
- Buenos días, Emma, te has levantado muy temprano –me dice mientras se sienta en una silla de la isla.
- Buenos días, si bueno como seguíais durmiendo pues he decidido bajar a hacer el desayuno.
- Por Luan no te preocupes, ha salido temprano esta mañana temprano para ir a visitar a su madre.
- Entonces desayuno para los dos –le dije mientras colocaba las tortitas en el plato con el beicon y los huevos.
- Suena bien –mira su teléfono y no dice nada más, pero mientras estaba de espaldas podía sentir su mirada fijada en mí.
- ¿A qué hora volverá Luan? –le serví un plato y luego me senté al otro extremo de la isla con mi plato.
- Supongo que volverá para la hora de cenar ¿por? –me pregunta mientras arquea una ceja y se come un trozo de beicon.
- Es que me preguntaba… si podría salir esta tarde a dar un paseo por la ciudad –no mencione mi quedada con Liam.
- Por supuesto ¿con quién vas a salir? ¿Con una de las chicas de la fiesta?
- En realidad… he quedado con Liam –dejo su tenedor en el plato y me miro seriamente.
- ¿No crees que es un poco mayor para ti? A demás no creo que sea buena idea.
- Solo somos amigos y si es una buena idea es el único amigo que conozco –le digo mientras tomo un sorbo de zumo.
- Entonces te acompañaré a lo que sea eso –me quede con los ojos en blanco ¿acompañarme? ¿Qué tengo cinco años?
- Está bien, pero te quedarás afuera de la cafetería.
- De acuerdo –hace una señal en su cabeza como si tuviera una a*****a.
Después de desayunar y dejar limpios los platos subí a mi habitación y empecé a escuchar música, fui al vestidor para ver que ropa me ponía para ver a Liam y no parecer una niña de ocho años y no encontraba nada que me gustara, opte por una camiseta de tirantes negra y un pantalón vaquero, mire el reloj y faltaba dos horas para la cita, bueno, en realidad no era una cita, era más bien una quedada de dos amigos que se caen bien, aunque no puedo negar que no haya pensado es que sea una cita, claro que, como Liam tendría una cita con una niñata como yo, en fin es un chico muy guapo, universitario con mucho futuro y yo solo soy una simple chica de instituto que ni siquiera tiene una vida normal.
Me tumbé en la cama leyendo un libro mientras sonaba una sonata de Tartini cuando de repente llaman a mi puerta.
- ¿Puedo pasar? –era la voz de Maison.
- Pasa.
- Es Luan al teléfono, quiere hablar contigo –me pasa el teléfono y sale de la habitación.
- ¿Hola?
- Hola, cielo, hoy no voy a llegar muy temprano a casa he tenido que salir a visitar a mi madre.
- Si claro, Maison ya me lo ha dicho esta mañana.
- Bueno hablando de hombres, me ha dicho Maison que tienes una cita con Liam, parece ser que os habéis caído muy bien.
- En realidad no es una cita, bueno, no lo sé, supongo que solo hemos quedado y ya está.
- Oh cielo eso son nervios, es una cita y me parece genial es un buen chico ¿pero no es un poco mayor?
Casi era la hora de quedar con Liam y aún no estaba preparada cuando Maison toca mi puerta.
- ¿Puedo pasar? –oigo desde la puerta.
- Adelante –le invito a pasar mientras cojo una pulsera que había en un joyero de mi cómoda.
- Ya estás preparada supongo –me mira de pies a cabeza dando por hecho que estaba preparada.
- Aún me queda peinarme –voy hacia el baño a por un cepillo y esté me sigue detrás.
- Te veo muy nerviosa para tu cita con ese chico –se apoya en el marco de la puerta.
- No es una cita y ese chico se llama Liam y lo conoces perfectamente por lo bien que veo que te llevas con sus padres –le digo mientras me peino y me miro en el espejo.
Sus padres me caen muy bien pero él… -no termina la frase.
- ¿Él que? –dejo de peinarme para fijarme en esa expresión que siempre hace que me intimida.
- Él no me gusta para ti, es un niño mimado de mama y papa y no me gusta.
- Bueno no tiene que gustarte a ti, sino a mí ¿no crees? –le miro con cara desafiante pues su manera de actuar no me gusta ni me parece adecuada.
- Oye no me contestes así, es solo mi opinión y si no te gusta podría castigarte con no ir –se pone recto y me mira fijamente.
- No puedes hacer eso –también me pongo recta y no dejo que me intimide, jamás le había visto comportarse de esa manera.
- ¿Me estás retando señorita? –juraría haberle visto soltar una pequeña risa de burla.
- No yo solo… -no deja que termine.
Prepárate que nos vamos en cinco minutos, no querrás llegar tarde a tu cita –se marcha y se mete a su habitación.
Como no quise seguir debatiendo su comportamiento me metí a mi dormitorio y termine de revisar que había cogido todo y metido en el bolso n***o pequeño que me regalo Luan, pañuelos, un bolígrafo porque nunca se sabe si tienes que escribir algo y mi bálsamo labial, salí del cuarto y baje por las escaleras para encontrarme en la puerta con Maison.
- ¿Estás preparada? –aparece a mis espaldas haciéndome dar un pequeño salto del susto.
- Sí...
- Entonces marchémonos –salimos por la puerta y nos subimos al coche para ir hasta la cafetería del pueblo en la que me había citado Liam.
Jamás había estado tan nerviosa, bueno miento, en otras ocasiones he estado nerviosa, pero ahora mismo no quiero recordar esos momentos tan trágicos, hoy quiero ser una chica normal y corriente como las demás chicas. Mientras estábamos en el coche Maison iba mirando la carretera y yo puse la radio para escuchar algo de música y no estar en pleno silencio en el coche.
- Oye te quería decir una cosa –hablo mientras suena la radio.
- Dime –me responde sin despegar la mirada de la carretera.
- ¿No entrarás conmigo a la cafetería verdad? –le miro de reojo.
- Eso pensaba hacer ¿por qué?
- Bueno pues no lo hagas, si entras eso sería muy incómodo para mí y no quiero intimidar a Liam.
- No lo veo porque, si quieres me voy a otra mesa –pongo los ojos en blanco, creo que no ha pillado la indirecta de que no quiero que esté ahí.
- ¿No puedes irte a dar una vuelta por el pueblo y luego volver a cierta hora?
- ¿Tanto te molesta que esté ahí vigilándoos? – ¿Vigilarnos? Como si fuéramos a escaparnos o algo parecido.
- Puedo quedarme en el coche si tanto te moleste que este dentro.
- ¿De verdad?
- Puedo hacer una excepción por esta vez –gira un momento la cabeza para mirarme y vuelve a mirar a la carretera.
- Gracias Maison.
Sin darme cuenta llegamos en menos de veinte minutos a la cafetería y ahí estaba Liam, parado justamente en la puerta de la cafetería con una camiseta de su universidad y un vaquero azul, Maison aparco justamente al frente del gran ventanal de la cafetería y nos bajamos del coche, no antes asegurarme de que de verdad se quedaría en el coche.
- ¿Qué haces? –le digo una vez salida del coche.
- Voy a saludar a Liam y después volveré al coche –sale con determinación hasta donde esta Liam.
- Dios… -apoye la cabeza en el coche y después fui corriendo hasta donde estaban.
- Hola, Liam –le saludé alegremente.
- ¿Lo has entendido bien? –dijo Maison dirigiéndose a Liam.
- Entendido –Liam me miro y me dirigió su alegre sonrisa.
- Emma, quedaros en donde pueda veros –se marchó hacia el coche y se metió en él.
- ¿Qué es lo que te ha dicho? –hablo mientras estamos entrando en la cafetería.
- Nada que no me esperara antes, no te preocupes.
- Algo malo supongo si pones esa cara tan seria.
No es nada –nos sentamos en una de las mesas que daba a la ventana.
Desde donde estábamos se podía ver los árboles grandes que había al otro lado de la calle, si girabas la vista a la derecha se podía observar a los abuelos con sus nietos jugando en el parque y un poco más cerca niños esperando sus helados en el quiosco, y a la izquierda una tienda de animales que desde el escaparate se podía ver a los pajaritos en sus jaulas alborotadas con el deseo de salir de ellas. No las culpo, a veces, yo también me siento en una jaula, volví a la realidad después de que Liam me preguntase que quería para tomar.
- ¿Has decidido que quieres?
- Yo… creo que me pediré un batido de fresa y unas patatas fritas ¿y tú?
Un batido de chocolate y como me has dado envidia me pediré otras patatas para mí –suelta una carcajada y se levanta de la mesa para ir a la barra donde está la camarera rubia y guapa, supongo que habrá pensado por qué una chica como yo se encuentra sentada con un chico tan guapo.
Cuando volvió a la mesa con nuestros batidos no pude evitar decir lo que pensaba.
- Vayas donde vayas siempre tienes admiradoras ¿Cómo se siente ser tan popular? – cojo el vaso helado mientras coloco la pajita y le doy un sorbo.
- Podría jurar que está usted un poco celosa señorita Emma –me mira impaciente esperando mi respuesta.
- ¿Yo celosa? ¿De quién? ¿De ti? –sarcásticamente.
- No me puedes negar que soy muy guapo.
- Oh por favor que creído te lo tienes ¿no?
Después de un rato hablando sobre su paso por la universidad y sus profesores amargados y aburridos empezó a preguntarme por cómo había sido mi llegada a esta nueva casa y vivir con los Coleman.
- Te sientes a gusto con ellos ¿no?
- Si claro Luan es genial y lo pasamos bien juntas.
- ¿Y Maison? – miré hacia la ventana para ver a Maison en el coche mirándonos fijamente y volví mi mirada a Liam.
- Es algo peculiar, aún no le conozco muy bien –Liam mira a la ventana.
- No me gusta, me da mal rollo, es amigo de mi padre, pero a mí nunca me ha caído bien –vuelve su mirada al vaso.
- Esa es la impresión que da, pero a veces es simpático.
- ¿Solo a veces? –me mira y empezamos a reírnos sin parar de mirarnos.
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Claro dime.
- ¿Cómo perdiste a tus padres? –mi cara cambio al escuchar esa pregunta sobre mis padres. –Lo siento, no hace falta que contestes.
- No, no te preocupes, es solo que hace tiempo que no hablo de mis padres.
- Cambiemos de tema –antes de que dijera otra cosa le interrumpo.
Mis padres murieron en un accidente, de coche, iban a la ciudad a por mi regalo de cumpleaños, pero en el camino un coche choco contra ellos fuertemente y no sobrevivieron, yo en ese momento estaba en mi casa con mi abuela, había pasado algunas horas desde que se habían ido y cuando mi abuela los iba a llamar llamaron a la puerta, era los agentes de policía para darnos la noticia de que habían muerto. En ese momento no me lo pude creer así que empecé a gritar como una loca a mi abuela para asegurarme de que lo que decían los agentes era mentira.
- Lo siento mucho Emma, no me imagino por todo lo que habrás pasado –su rostro cambio de alegre a pena.
- Había un inspector que estaba llevando el caso, al parecer le extraño en la forma en que murieron porque en esa carretera no había curvas peligrosas ni siquiera estaba lloviendo ese día.
- ¿Y qué paso con el inspector?
- No tengo ni idea, no volví a verle nunca más desde la última vez que me fue a visitar en el orfanato.
- ¿orfanato? ¿Después del accidente no te quedaste con tu abuela?
- Si pero… -me da la mano.
- No hace falta que sigas contándome nada.
- No te preocupes, mi abuela estaba en casa, yo ese día fui al colegio y cuando volví toda la casa estaba como si hubiera pasado un huracán y lo hubiera dejado así, buscando a mi abuela fui a la cocina y la vi tirada en el suelo herida, lo último que me dijo fue –en ese momento paré de hablar, si le decía que mi abuela me había dado un collar del hombre que la agredió podría fastidiar mi plan.
- Será mejor que cambiemos de tema ¿qué te parece el batido? Estaba bueno ¿verdad? –Liam tenía la capacidad de cambiar de tema con facilidad y le agradecía que me brindara esa seguridad que tanto necesitaba, nunca me había abierto a hablar de mis padres salvo con Tamara.
- Estaba muy bueno –rio y miro mi vaso ya vacío.
- ¿Quieres otro? –me pregunta, pero en ese momento escuchamos como una bocina nos pita desde el aparcamiento, era Maison dándome la señal para irnos a casa.
Creo que ya tengo que irme –no me había fijado de lo tarde que era, con él las horas pasaban tan rápido.
- Te acompaño –veo como deja el dinero en la mesa y salimos de aquella cafetería medio vacía salvo por tres camioneros tomándose un café.
- Me ha gustado mucho verte hoy –le digo antes de salir por la puerta.
- A mí también –me sonríe y puedo notar como se va acercando a mí para darme un beso, pero antes de que eso pase le pongo la mano en el pecho en forma de negación. – ¿Nos volveremos a ver?
- Claro, somos vecinos ¿recuerdas? –se ríe y salimos por la puerta, cuando salgo ya Maison se encontraba fuera del coche esperando en la puerta de copiloto.
- Vámonos seguramente que Luan ya haya llegado a casa –me dice sin decir palabra alguna a Liam.
- Adiós señor Coleman, hasta luego Emma –se despide con la mano.
- Adiós Liam –sonrío y entro en el coche.
- Adiós –dice Maison serio y borde y entra en el coche.
Durante el viaje no hablamos ni comentamos nada de mí… bueno que mi quedada con Liam, antes de aparcar en el garaje podía ver cómo había luces dentro.
- ¿Hola? –Maison va hacia la cocina buscando a su mujer.
- Hola, cariño ¿qué tal lo habéis pasado?
- Genial, yo en el coche y Emma con ese chico tan absurdo.
Ese chico se llama Liam y no es para nada absurdo –dije mientras me adentraba a la cocina y podía observar como Luan estaba preparando la cena.
- Haber chicos relajaros –suelta Luan dejando caer un poco de salsa en la encimera. – Primero de todo, Cariño ¿Por qué no te fuiste a dar una vuelta en vez de estar esperando en el coche? Y segundo, Emma ¿Qué tal tu cita?
- ¿En serio Luan? –va saliendo de la cocina y se dirige al despacho.
- Tranquila se le pasará –me regala una sonrisa, va al estante y saca unos platos. – ¿Colocas la mesa?
- Si claro –mientras me voy al comedor a colocar la mesa se me viene a la cabeza el por qué nadie me ha informado sobre el inspector que lleva el caso de mis padres ¿se habrá olvidado y habrán archivado el caso? Ojalá pudiera saber qué es lo que pasa.
Después de cenar ayudé a Luan a recoger y limpiar todo y me subí a mi cuarto para descansar, necesitaba dormir después de haberme levantado tan temprano, cuando estaba colocando las almohadas y quitando las que me sobraban alguien llamó a mi puerta.
- ¿Emma sigues despierta? –oigo hablar a Luan.
- No, puedes pasar.
- Quería hablar contigo –se sienta al borde de mi cama. – Quería saber que tal en tu cita, antes no quería mencionar nada en la cena.
- Bueno en realidad no ha sido una cita, pero me lo he pasado muy bien aunque solo hayamos estado en la cafetería, hemos hablado de muchas cosas y me ha contado anécdotas que le han surgido en la universidad.
- Eso es bueno cielo, él te gusta ¿verdad? –me mira impaciente.
- No puedo decir que no, pero tampoco sí, es muy amable y me siento muy a gusto cuando estoy con él.
- Se te nota en la mirada, tu primer amor, es precioso –se le cae una lágrima.
- ¿Estás llorando? –cojo un pañuelo de la mesilla de noche y se la doy.
- Es que es muy bonito y me hace feliz formar parte de tu vida, de tu primer amor y todo lo que venga entrando –me pareció muy tierno por su parte.
- Muchas gracias Luan, eres muy importante para mí.
- Bueno, ahora creo que ya es hora de dormir, buenas noches, cielo.
Buenas noches –cuando se va levantando apaga la luz y se va marchando cerrando la puerta.