**ANGELA** Me subí al asiento trasero, cerrando la puerta con un golpe que retumbó en todo el patio. Estaba furiosa. Me crucé de brazos y me hundí en el asiento mientras el motor rugía. Miraba por la ventana cómo la finca empezaba a quedar atrás, pero mi mente estaba en otro lado. «Es un maldito bipolar», pensé, apretando los dientes. Un minuto me trataba como si fuera un estorbo estratégico; al siguiente se jugaba la vida por mí, luego me humillaba delante de su abuela diciendo que soy “útil” y, para rematar, me besaba con una intensidad que me dejaba sin aire. No sabía a qué Bianco odiaba más: al que me ignoraba o al que me tocaba. Era como caminar por un campo de minas; nunca sabía qué versión de él iba a explotar. Bianco subió al auto y se sentó a mi lado. El espacio se sintió pequ

