**ANGELA** Mi padre palideció ante la mención del nombre. Se acercó a mí, y por un momento vi el brillo de una furia antigua en sus ojos. —No hay nada que decir: eres una Colombo. Olvida las calumnias de Bianco. —¡No puedo olvidarlas si tú no las desmientes con pruebas! —le recriminé con lágrimas de rabia—. Me tratas como a una niña, pero me lanzaste a un foso de lobos. Si no me cuentas la verdad, si no me dejas vivir mi propia vida, terminarás perdiéndome de nuevo, y esta vez no habrá ningún Corbone a quien culpar. Solo a ti. Me di la vuelta y salí del despacho sin esperar su respuesta. Necesitaba ese empleo, necesitaba el ruido de la ciudad y el cansancio de un trabajo real para no volverme loca. Necesitaba saber quién era yo, lejos de los apellidos y lejos de los besos prohibidos qu

