**ANGELA** Subí los escalones de madera casi tropezando con mis propios pies, huyendo de esa carcajada que todavía vibraba en el aire como una sentencia. Al llegar al final del pasillo, empujé la única puerta que había y entré en la habitación. No era una suite de lujo; era un dormitorio rústico, con paredes de madera crujiente y una cama pesada que dominaba el espacio. En cuanto entré, me giré y giré la llave en la cerradura con un movimiento frenético. El “clac” metálico me devolvió un poco de aliento, pero no la paz. Me apoyé contra la madera fría de la puerta, cerrando los ojos mientras trataba de calmar mi respiración errática. —Dios mío… —susurré, hundiéndome en el silencio de la alcoba. Podía oír sus pasos abajo, lentos, pesados, moviéndose con la calma de quien sabe que su p

