**ANGELA** Cada rincón de esta villa del norte exhala una opulencia que me asfixia. He intentado salir al jardín tres veces hoy, y las tres veces me he topado con la mirada gélida de guardias que no parpadean, hombres que no responden a mis súplicas y que solo parecen estatuas armadas al servicio de Marcello. Estoy más vigilada que una joya de la corona o un artista de talla mundial; soy el trofeo de sangre que mi padre quiere exhibir, una prisionera en una jaula de oro con vistas al Adriático. Me apoyo contra el cristal del ventanal, sintiendo el frío en mi frente. El silencio de la habitación es mi peor enemigo porque me obliga a pensar. ¿Dónde está él? No sé si Bianco sobrevivió a aquella noche en la cala, no sé si lo dejaron desangrarse en un muelle o si su corazón se detuvo mien

