**BIANCO** Me serví un vaso corto, sin hielo, y lo vacié de un trago. El líquido me arañó la garganta, dándome un respiro momentáneo. Poco a poco, al ver que no iba a ejecutar a nadie esa noche, los hombres relajaron los hombros y retomaron sus conversaciones. Me sumergí en el murmullo de sus anécdotas, usándolas como una venda para mis heridas. Escuché a Rocco contar, entre risas bajas, cómo estuvo a punto de ser atrapado por la policía en un muelle de Catania por culpa de un cargamento de tabaco mal estibado. Otro hablaba de las mujeres de los pueblos del sur, de las comidas de sus madres y de las peleas que habían tenido en su juventud, antes de que el apellido Corbone les diera un propósito y un arma. —…y entonces, el viejo me mira y me dice: “Si vas a disparar, dispara, pero no me

